El debut de la Selección Colombia en el Mundial 2026 nos dejó a todos con una sonrisa y el pecho inflado. El 3-1 sobre Uzbekistán en Ciudad de México no solo entregó tres puntos vitales, sino que ratificó que el proceso de Néstor Lorenzo tiene memoria futbolística, orden y, sobre todo, gol. Sin embargo, el fútbol es un deporte de memoria corta, y el verdadero examen de madurez para esta “Tricolor” no es mantener el nivel ante los gigantes, sino evitar el tropiezo catastrófico ante los que, sobre el papel, parecen inferiores.
Este martes en Guadalajara, Colombia se juega más que la clasificación matemática a los dieciseisavos de final; se juega el respeto a su propio estatus de favorita en el Grupo K.
La tentación de subestimar al leopardo
La República Democrática del Congo no es un invitado de piedra. Si alguien pensaba que los africanos venían a pasear tras 52 años de ausencia mundialista, el empate 1-1 que le sacaron a la Portugal de Cristiano Ronaldo debió haber encendido todas las alarmas en el búnker colombiano.
El peor error que podría cometer el equipo de Lorenzo es mirar la tabla con suficiencia. El Congo demostró ante los lusos que tiene un orden táctico rocoso y una velocidad en las transiciones, comandada por Yoane Wissa y Cédric Bakambu, que puede castigar cualquier parpadeo.
Por eso, el único cambio que dibuja el estratega argentino en su pizarra es una declaración de intenciones: el ingreso de Deiver Machado por Johan Mojica en el lateral izquierdo. No es un castigo para Mojica; es un movimiento estratégico de ajedrez. Lorenzo sabe que para frenar el despliegue físico de los “Leopardos”, necesita más contención y rigor defensivo en el retroceso. En un Mundial, los partidos también se ganan desde la prudencia.
La columna vertebral del optimismo
Más allá del reto físico, la mejor noticia para el país es la continuidad de la idea. El esquema 4-2-3-1 ya se lee de memoria. Con un Camilo Vargas que brinda total seguridad atrás y una dupla de centrales (Sánchez-Lucumí) que se entiende con la mirada, la base está sólida.
En la mitad, la agresividad de Jefferson Lerma será el termómetro, mientras que la magia dependerá de un James Rodríguez que recuperó su versión de director de orquesta, escoltado por la electricidad de Jhon Arias y un Luis Díaz que llega con el cartel de estrella mundial y la obligación de desequilibrar. Arriba, Luis Suárez tendrá la tarea de desgastar a una defensa africana que se presume densa.
El veredicto
Colombia tiene las herramientas, el talento individual y el momento anímico para llevarse los tres puntos y sellar el boleto. Pero los Mundiales están llenos de historias de favoritos que se confiaron antes del pitazo inicial.
Si la Selección salta al Estadio Guadalajara con el cuchillo entre los dientes, respetando el despliegue físico del Congo pero imponiendo la jerarquía técnica de sus individualidades, la noche mexicana será de fiesta cafetera. La clasificación está a 90 minutos de distancia; solo hace falta que el equipo juegue con la cabeza fría y el corazón caliente.


































































