El fútbol suele pecar de nostálgico o, en el extremo opuesto, de ingrato. Sin embargo, la llegada de Jorge Jesús al banquillo de la selección de Portugal tras el fiasco del Mundial 2026 impone una dosis de pragmatismo tan necesaria como electrizante. La convocatoria de Cristiano Ronaldo a sus 41 años no es un regalo ceremonial ni una concesión a la historia; es, bajo el cristal del nuevo seleccionador, una prueba de fuego constante.
Las palabras de Jorge Jesús son tajantes y refrescantes: “Si rinde, juega; si no rinde, no juega”. Reconocer el estatus único de CR7 , cinco Balones de Oro, máximo goleador histórico del fútbol de selecciones con 146 tantos en 233 partidos, sin permitir que ese peso determine la alineación es el mayor acierto conceptual con el que un técnico puede iniciar un ciclo. Roberto Martínez pagó cara la indefinición en el rol de Cristiano; Jesús, a sus 72 años y con la autoridad que le otorga su trayectoria, deja claro que la camiseta lusa no admite privilegios de museo.
Para Cristiano Ronaldo, el escenario actual plantea un doble desafío monumental. Por un lado, la exigencia colectiva de devolver a Portugal a la élite europea tras la caída mundialista; por el otro, la vertiginosa carrera individual hacia los 1.000 goles oficiales. Estando a solo 21 anotaciones de la mítica cifra (acumula 979 goles y 261 asistencias en 1.337 partidos profesionales), la tentación de convertir a la selección en un mero trampolín personal estará latente en la opinión pública.
Ahí reside el mérito de la postura del nuevo DT. Si Cristiano quiere estirar su idilio con la selección y acariciar el gol mil luciendo la camiseta de su país, no bastará con llamarse “CR7”. Tendrá que ganarse cada minuto en el césped y en el entrenamiento, compitiendo contra el inevitable paso del tiempo y contra una camada de jóvenes talentos que piden paso.
Esta llamada no es un pase libre, es un desafío a su propia disciplina. Si Cristiano responde con goles y trabajo en equipo, la apuesta de Jorge Jesús habrá sido un éxito rotundo. Si no, el fútbol recordará que ni las más grandes leyendas están por encima de la dinámica de un equipo. Por ahora, el mito sigue vigente, pero condicionado, como cualquier mortal, a la dictadura del rendimiento.


































































