La estampa es, por decir lo menos, surrealista. Las calles de Popayán, una ciudad con una riqueza histórica y cultural innegable, hoy se ven patrulladas por camiones de basura de la empresa Urbaser, escoltados de cerca por uniformados del Ejército Nacional. Soldados de la patria, entrenados para la defensa de la soberanía y la seguridad nacional, hoy custodian bolsas de desechos domésticos. Ante semejante postal, la frase popular cobra más fuerza que nunca: “Pueblo, saca tus propias conclusiones”.
¿Cómo llegamos al punto en que la recolección de basura se convirtió en una operación militar?
El síntoma de una crisis profunda
La presencia del Ejército en las rutas de aseo no es una muestra de eficiencia; es el síntoma inequívoco de un tejido social fracturado y de una crisis institucional que viene cocinándose a fuego lento.
Por un lado, están las comunidades rurales y aledañas a los sitios de disposición final (como el sector de Los Picachos o la vía a El Hato), que reclaman por impactos ambientales, malos olores y promesas incumplidas durante años. Por el otro, está una ciudadanía urbana atrapada en el fuego cruzado, viendo cómo los residuos se acumulan en las esquinas, convirtiéndose en un foco de emergencia sanitaria. Y en medio de ambos, una empresa privada que opera un servicio público vital y una administración local que parece haber agotado las vías del diálogo respetuoso y efectivo.
La fuerza pública como escudo: Militarizar un servicio civil es admitir que los canales políticos, de concertación y de gobernanza han fracasado.
¿Seguridad o intimidación?
Cuando el diálogo se agota, la respuesta estatal suele ser el uso de la fuerza o la demostración de poder coactivo. Al escoltar los camiones con fusiles, se envía un mensaje ambiguo. ¿Se está protegiendo el derecho a la salud pública de la mayoría, o se está utilizando al Ejército como el brazo operativo para imponer los intereses de una corporación privada sobre las comunidades que protestan?
El Ejército Nacional goza de un gran respeto institucional, y desgastar su imagen y sus recursos en resolver conflictos de convivencia y gestión de residuos urbanos parece un despropósito logístico. Si para sacar la basura de una ciudad se necesitan tanquetas y soldados, la pregunta es inevitable: ¿Qué tipo de paz y orden estamos construyendo en el Cauca?
Un llamado a la reflexión: Saca tus conclusiones
El problema de las basuras en Popayán no se va a solucionar a punta de fusil ni con decretos de orden público que silencien los reclamos comunitarios. La basura se seguirá produciendo día tras día, y la vida útil de los rellenos sanitarios no se va a extender por tener soldados vigilando las compuertas.
Las cartas están sobre la mesa y la escena habla por sí sola:
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Si crees que la medida es justa porque la ciudad no puede ahogarse en desperdicios, es una conclusión válida desde la urgencia.
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Si crees que es un abuso de poder que criminaliza la protesta social y beneficia el bolsillo de unos pocos, también es una conclusión lógica desde la perspectiva comunitaria.
Lo único cierto es que Popayán merece soluciones estructurales, un manejo ambiental transparente y mandatarios capaces de sentar a las partes a negociar sin necesidad de bayonetas. Mientras tanto, mire por su ventana, observe al soldado que cuida el camión de Urbaser y, como bien se dice en las calles: pueblo, saca tus propias conclusiones.
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