La reciente decisión del Hospital Universitario San José (HUSJ) de Popayán de suspender la apertura o continuidad de nuevos servicios con ASMET Salud EPS no es un hecho aislado, ni una simple disputa burocrática entre dos entidades. Es, en realidad, el síntoma más fresco y doloroso de una enfermedad crónica que padece el sistema de salud colombiano y que, de manera ensañada, golpea con más fuerza a las regiones periféricas como el departamento del Cauca.
Cuando el principal centro asistencial de alta complejidad del suroccidente del país cierra una puerta, así sea de manera parcial, las alarmas no solo deben encenderse en las oficinas administrativas; deben sonar con fuerza en toda la sociedad.
El comunicado emitido por el HUSJ es claro y, a la vez, dramático en sus líneas invisibles. Habla de “mesas de diálogo”, de “esfuerzos institucionales” y de la dolorosa falta de “garantías contractuales”. Traducido al lenguaje de la realidad cotidiana, significa que la soga ya no da más juego. Un hospital público, por más vocación social que tenga, no puede operar bajo la lógica del fiado eterno o de la incertidumbre financiera. La sostenibilidad hospitalaria no es un capricho gerencial; es la única garantía de que mañana haya insumos, de que los especialistas no migren a otras regiones y de que los equipos biomédicos sigan funcionando.
La paradoja del sistema: Exigirle a un hospital calidad, oportunidad y seguridad, los tres pilares que defiende el San José, sin darle el respaldo financiero y contractual correspondiente, es pedirle que nade a contracorriente con los brazos atados.
Es de rescatar que el hospital haya blindado la atención de urgencias y de los pacientes que ya se encuentran hospitalizados. Ese gesto reafirma la misión ética de la institución y del cuerpo médico, que antepone la vida a la crisis de los papeles y los flujos de caja. Sin embargo, el limbo en el que quedan los “nuevos servicios” para miles de afiliados de ASMET Salud en el Cauca es un panorama desolador. ¿Cuántas cirugías programadas, tratamientos especializados o diagnósticos oportunos quedarán atrapados en este nuevo cuello de botella?
ASMET Salud EPS, una entidad con un arraigo histórico innegable en esta región, enfrenta hoy el espejo de sus propias realidades y de las de un modelo de aseguramiento en crisis nacional. Pero los usuarios no entienden de UPC, de giros directos ni de liquidaciones técnicas; el usuario entiende de la cita que le cancelaron, del dolor que no da tregua y del viaje en vano desde su municipio hasta Popayán.
El llamado del HUSJ a la “comprensión” es un llamado a la madurez ciudadana, pero también debe ser un catalizador político. La salud en el Cauca no puede seguir siendo una ruleta rusa de contratos y conciliaciones fallidas. El Ministerio de Salud y la Superintendencia Nacional de Salud no pueden ser meros espectadores de piedra ante este anuncio. Se requiere una intervención de fondo que restablezca el equilibrio, porque cuando el diálogo institucional fracasa, el que termina pagando la factura, invariablemente, es el eslabón más débil: el paciente.
Ojalá que la disposición al diálogo que ratifica el Hospital San José encuentre un eco recíproco y viable en ASMET Salud. El Cauca no resiste más desatención; su gente merece una atención digna, y sus instituciones, las garantías mínimas para poder ofrecerla.


































































