La reciente respuesta de la Secretaría de Planeación Municipal al Concejo de Popayán, firmada por el secretario Víctor Armando Martínez Perafán, es una radiografía perfecta de cómo la tecnocracia y los vacíos en el control territorial pueden terminar configurando, o desconfigurando, la vida nocturna y residencial de una ciudad. El caso del sector conocido como Boulevard Rose (ubicado en la emblemática Vía Panamericana, entre las carreras 9 y 11 norte) abre un debate necesario sobre la coherencia urbana y la articulación institucional.
Sin embargo, el verdadero “enigma de la noche” payanesa surge al mirar la lista de establecimientos que operan o pretenden operar en la zona. De los doce negocios reportados con solicitudes de uso de suelo para venta y consumo de licor, la abrumadora mayoría (ocho de ellos, incluyendo nombres populares como Monastery, Fonda Guadalupe, 212 Club y Ébano) tienen el uso de suelo NEGADO. Solo tres cuentan con la bendición oficial (Arena Rose, Cantina VIP y Prístino Gastro Bar), mientras que Kukaramakara figura sin vigencia.
Aquí es donde la ciudadanía se pregunta: si la autoridad de planeación ya dijo “no” a la venta de licor en la mayoría de estos locales, ¿qué pasa los fines de semana en el Boulevard Rose?
“La Secretaría de Planeación limita su actuación al análisis urbanístico… sin que le asistan competencias en materia de control, vigilancia, imposición de medidas correctivas o cierre de establecimientos…”
Esa frase del documento oficial resume el eterno dilema del Estado fragmentado. Planeación emite el diagnóstico técnico, pero le traslada la “pelota” de la ejecución a la Secretaría de Gobierno y a la Policía Nacional bajo el Código de Convivencia. Del mismo modo, se lava las manos frente a los conceptos sanitarios (remitiendo a la Secretaría de Salud) y frente a los eventos masivos, aclarando que no le compete autorizar lo temporal o espontáneo.
El panorama se vuelve aún más gris cuando se habla del espacio público. La famosa “vía lenta” proyectada para ese corredor sigue siendo un fantasma urbanístico porque, según la misma secretaría, los propietarios no han hecho la cesión de tierras ni el Municipio ha culminado los procesos de adquisición. Aunque se afirma que los andenes peatonales se respetan, queda claro que el desarrollo privado va a mil por hora, mientras que la infraestructura pública camina a paso de tortuga.
¿Cuál es la conclusión de este cruce de correspondencia oficial?
Popayán no puede seguir gobernándose con respuestas aisladas que se escudan en el “eso no es de mi competencia”. Si el Boulevard Rose va a consolidarse como la zona rosa del norte de la ciudad, se requiere una intervención integral y no un simple papeleo burocrático. No basta con que Planeación niegue los permisos en el escritorio si en las calles la música sigue sonando sin control. La Secretaría de Gobierno, la de Salud, la de Planeación y la Policía deben sentarse a la misma mesa. De lo contrario, el POT seguirá siendo un saludo a la bandera y el ordenamiento territorial de Popayán, una completa utopía.


































































