Existe una contradicción flagrante y dolorosa en el corazón de la política colombiana actual. *Por un lado, aquellos sectores que no dudan en colgar etiquetas destructivas, facho, misógino, nazi,* a quien disienta de su línea ideológica, son los mismos que hoy parecen obsesionados con retener y controlar los espacios de poder a toda costa. Si estuviéramos en la casa de personajes como el senador Iván Cepeda, no cabe duda de que harían lo que fuera por sacarnos. *Sin embargo, en el tablero electoral del país, la narrativa cambia: quienes celebraron “salidas” y exclusiones, ahora se niegan a soltar las riendas, atrapando al ciudadano en una paradoja de persecución y retención*.
*Hablemos claro a Colombia: El juego sucio en las regiones*
Las recientes y vehementes declaraciones del *senador JP Hernández no hacen más que reafirmar una cruda realidad que se expande desde el Congreso hasta las regiones*. Lo que estamos presenciando no es un debate de ideas, sino la consolidación de un juego político sucio donde el pueblo es, como de costumbre, la principal víctima.
Esta dinámica no solo redefine *el ejercicio en el Capitolio, sino que proyecta una sombra amenazante sobre el futuro de quienes aspiran a ser concejales, diputados, alcaldes o gobernadores*. La política territorial se está transformando en un escenario de coacción, donde la libertad de elegir y ser elegido están bajo asedio.
*”Le cuento, que en las zonas de guerrillas la orden es votar por Cepeda… ahora piden es el certificado electoral de primera vuelta y quien no lo porte le están sacando 5 millones de multa o descuéntelos trabajando”*.
Este tipo de denuncias, que resuenan con fuerza en departamentos históricamente golpeados como el Cauca, no son simples anécdotas; *son el síntoma de una democracia secuestrada. Pasar del control territorial mediante carnets ilegales a la exigencia del certificado de votación bajo amenaza de quiebra económica o trabajos forzados es la degradación absoluta del derecho al voto*. Así está Colombia: bajo el yugo de una extorsión camuflada de civismo de fusil.
*Entre el martirio y la resurrección de la libertad*
El panorama *actual convierte la militancia y la oposición en ejercicios de alto riesgo. Figuras como JP Hernández,* con sus denuncias frontales, se colocan hoy en la línea de fuego, corriendo el riesgo de convertirse en un mártir más de una historia política colombiana escrita con sangre. Se enfrentan a *maquinaria$s$* y a discursos que, bajo la bandera del cambio, buscan adueñarse de cada rincón del país.
El ataque sistemático a los símbolos de identidad nacional, *donde incluso usar la camiseta de Colombia se convierte en un acto de resistencia o en el “florero de Llorente” para que los sectores afines a la línea de Petro y Cepeda justifiquen su narrativa de control*, demuestra que la disputa va más allá de unos escaños. Es una batalla por el alma y la libertad del país.
*La urgencia del despertar ciudadano*
*¿Hasta cuándo aguantará el Cauca? ¿Hasta cuándo aguantará Colombia?* La presión en las regiones exige algo más que indignación en redes sociales. *Hoy, más que nunca, la persecución contra quienes piensan diferente debe ser el catalizador para la resurrección de una patria verdaderamente libre*.
La libertad no se negocia ni se paga a plazos bajo multas de las disidencias o las guerrillas; s*e defiende con la verdad, hablando claro y sin miedo frente a quienes pretenden imponer un pensamiento único a punta de fusil y chequera electoral*.
Entérate en *Instagram, X, TikTok, Whatsapp, Facebook, threads,* y gratis en nuestra Noticia diaria ¿Dudas o sugerencias? escríbenos a noticias@caucaextremo.com
*www.caucaextremo.com #laotracaradelanoticia & Colombia extremo Televisión #cercadeti*


































































