Hablar de café en el departamento del Cauca es hablar de identidad, de historia y de resistencia. Sin embargo, durante muchos años, uno de los mayores desafíos del sector cafetero ha sido el relevo generacional: ¿cómo lograr que los jóvenes vean en el campo un futuro próspero y no solo una tradición de la que hay que escapar? La respuesta la viene cocinando desde el año 2009 el programa ‘Escuela y Café’, y hoy, esa respuesta tiene un sabor mucho más dulce.
El anuncio de que los estudiantes de 32 municipios caucanos no solo cultivan y transforman el grano, sino que ahora lo comercializan a un precio diferencial de $80.000 adicionales por carga, marca un antes y un después. Ya no estamos hablando únicamente de una iniciativa pedagógica o de seguridad alimentaria; estamos hablando de inserción económica real en mercados nacionales e internacionales.
Un ecosistema que cree en la juventud
Lo más destacable de este logro no es solo el resultado final, sino la sólida articulación institucional que lo hace posible. Que la Gobernación del Cauca y el Comité de Cafeteros del Cauca unan esfuerzos, sumados al respaldo de la Gerencia Comercial de la FNC y el acompañamiento logístico de Caficauca, Cafinorte y Almacafé, demuestra que cuando el sector público, privado y gremial se alinean, el impacto es contundente.
No es regalar dinero; es enseñar a negociar. El programa arranca con un cupo de 100.000 kilos de café pergamino seco que exige unos estándares de calidad rigurosos:
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Factor de Rendimiento: 98
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Humedad: 10% a 12%
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Defectos 1er grupo: Máximo 1.5%
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Broca: Hasta 6%
La caficultura como motor de desarrollo
Estas exigencias técnicas son, en realidad, la mejor escuela de negocios para los más de 17.000 estudiantes vinculados. Les enseña desde temprano que la excelencia, la disciplina y el cuidado en el proceso tienen una recompensa directa en el bolsillo.
Esta iniciativa dignifica la labor del caficultor desde la infancia y la adolescencia. Ver a las nuevas generaciones apropiarse de la cadena de valor, entender de rentabilidad y llevar su café a vitrinas globales es la prueba de que el campo colombiano no está obsoleto; necesitaba reinventarse.
Como bien lo resume el espíritu de este programa: “No solo sembramos, ¡ahora negociamos con el mundo!”. Este es apenas el comienzo de una generación de jóvenes que no solo sostendrán la tradición cafetera del Cauca, sino que la llevarán al siguiente nivel.


































































