El asesinato de Alexandra Guainas, presidenta de la Junta de Acción Comunal de la vereda Llano Alto, junto a su esposo en el corregimiento de El Plateado (Argelia), no es una cifra más en la macabra estadística de la violencia en Colombia. Es el reflejo de una realidad devastadora e inaceptable: en el Cauca, defender el territorio y servir a la gente es caminar con una lápida a la espalda.
La paradoja del liderazgo: Construir vida bajo amenaza de muerte
Resulta doloroso y contradictorio que quienes asumen la tarea de tejer comunidad, gestionar soluciones y dar voz a las zonas históricamente olvidadas por el Estado, terminen convertidos en los blancos predilectos de la barbarie. Alexandra Guainas dedicó su vida a la defensa de los derechos de las comunidades rurales en Argelia, una labor que, en un país con mínimas garantías, se paga con la vida.
El liderazgo social en el Cauca no se ejerce desde la comodidad de una oficina; se vive en el epicentro de una guerra cruzada donde la población civil es el botín y los líderes, el obstáculo de los violentos.
Crónica de tragedias anunciadas
Lo más indignante de este doble homicidio es que ocurre bajo la mirada de un Estado que acumula alertas pero escatima en acciones. La Defensoría del Pueblo ya había advertido con la Alerta Temprana 013 de 2024 y su seguimiento en 2025 sobre el riesgo extremo en Argelia debido a las disputas territoriales en el Cañón del Micay entre el ELN y las disidencias de las FARC.
Las alertas están escritas, los riesgos son conocidos, pero las vidas se siguen apagando. Con Alexandra, el Cauca ya suma 13 líderes sociales asesinados en lo que va de 2026.
¿Cuántas firmas, comunicados y lamentos oficiales más se necesitan para que la protección deje de ser un trámite burocrático y se convierta en una realidad en el territorio?
Una exigencia de dignidad
No podemos normalizar el horror. El asesinato de una lideresa comunal es un ataque directo al corazón de la democracia local y al tejido social de las comunidades más vulnerables.
-
A la Fiscalía y la Procuraduría: Se les exige celeridad e investigación real, no solo para capturar a quienes apretaron el gatillo en esa panadería de El Plateado, sino para desmantelar las estructuras que ordenan el silencio de quienes hablan por sus comunidades.
-
Al Gobierno Nacional: La “paz total” no puede ser una quimera discursiva mientras en las regiones la vida de los líderes sigue costando tan poco.
Servir a la gente debe ser un acto de profunda dignidad, esperanza y construcción de futuro. Es hora de que el Estado demuestre que la vida de quienes defienden el territorio importa, y que de una vez por todas, se retire esa lápida invisible pero letal que cargan en la espalda los líderes y lideresas del Cauca.


































































