La reciente ola de ataques en el departamento del Cauca, desde los drones interceptados en *Popayán y El Tambo* hasta el brutal atentado en el túnel de *Cajibío*, marca un punto de inflexión oscuro en el conflicto armado colombiano. Ya no hablamos solo de enfrentamientos en la periferia; hablamos de una ofensiva sistemática que utiliza la tecnología para saltarse las fronteras de la ética y la humanidad.
*La Deshumanización como Estrategia*
Como bien mencionas, existe una desconexión total con la realidad por parte de grupos como la estructura *“Carlos Patiño”*. Al lanzar *“drones bomba”* contra bases militares rodeadas de zonas residenciales o arrojar cilindros explosivos contra buses civiles, estos grupos han renunciado a cualquier pretensión de legitimidad política.
Cuando los ojos se nublan con la *soberbia del poder de fuego*, el “otro” deja de ser una persona para convertirse en un objetivo. *El ataque en el túnel de Cajibío es el ejemplo más doloroso: arrojar una pipeta a un bus lleno de civiles no es un acto de guerra*, es un acto de cobardía que busca el caos por encima de cualquier ideal.
*El Nuevo Campo de Batalla Aéreo*
La neutralización de tres sistemas de lanzamiento no tripulados por parte de la *FUDRA N° 4* evita, por ahora, una tragedia mayor. Sin embargo, el hecho de que el Ejército deba enfrentarse ahora a granadas de fabricación improvisada desde el aire en zonas como Santa Ana revela un *desafío técnico y de inteligencia* sin precedentes.
*”La guerra ha pasado de las trincheras al espacio aéreo civil, poniendo en riesgo a quienes nada tienen que ver con el fusil”*.
Un Estado de Incertidumbre
Mientras en la vía *Corinto – Miranda* se atraviesan volquetas y se incendian trenes cañeros, la economía y la tranquilidad de los caucanos se desmoronan. La presencia de la fuerza pública es vital y los resultados de las últimas horas demuestran capacidad de reacción, pero la *incertidumbre sobre las víctimas* en Cajibío nos recuerda que la protección total es esquiva cuando el enemigo no tiene rostro ni escrúpulos.
*Conclusión*
El Cauca no puede seguir siendo el laboratorio de la crueldad. *La respuesta no puede ser solo militar; requiere un rechazo social absoluto a quienes, bajo el pretexto de la insurgencia, solo siembran cenizas*. El uso de drones y explosivos contra la población es la prueba reina de una *inhumanidad* que ha perdido todo norte. Es hora de que el país voltee la mirada hacia Popayán y sus alrededores, *no como una estadística de guerra, sino como una sociedad que exige el derecho básico de vivir sin mirar con miedo hacia el cielo*.
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