Hay una escena que se repite todos los días en Popayán, *en las tertulias del centro histórico tras unos tragos, en los cafés cerca del Parque Caldas y en la vorágine de las redes sociales del departamento*. Alguien que jura no creer en nada trascendente, o que se dice profundamente ilustrado, defiende a un líder político local o nacional con la furia de un mártir, la lealtad de un hijo y la ceguera de un enamorado. No lo ha visto comer, no sabe cómo trata a su familia, *no conoce su intimidad ni sus contradicciones nocturnas, pero lo defiende como se defiende el honor familiar*.
Ese gesto, que parece una simple discusión de café, es en realidad *uno de los actos más profundamente religiosos que existen*. Y quien lo protagoniza casi siempre es alguien que se enorgullece de su pragmatismo o de no tener fe.
*El salto ciego de la política*
En *Temor y temblor, Søren Kierkegaard no habla de la fe como un simple consuelo*, sino como un *salto hacia lo absurdo*: Abraham subiendo al monte sin garantías ni pruebas lógicas. Kierkegaard llamó a esto la suspensión teleológica de lo ético: ese momento en que el individuo lo arriesga todo contra la evidencia y la costumbre.
Ese mismo salto se da a diario en la plaza pública. El ciudadano que justifica lo injustificable de su caudillo, que reescribe la realidad para que su figura siga pareciendo impecable, ha dado exactamente el mismo salto, pero en un *altar de barro*. Y cuando la realidad le demuestra que el político mintió o falló, el militante no revisa su postura con rigor científico; reinterpreta los hechos, culpa a la conspiración, a la prensa o al enemigo. No está analizando evidencia: *está haciendo teología política*.
*El problema no es la fe*. La humanidad no sabe vivir sin ella. El problema es ignorar en qué se cree y terminar arrodillándose ante un caudillo de paso creyendo que se está haciendo uso de la pura razón.
*El laberinto caucano: entre la idolatría y el abandono*
En nuestra tierra, este fenómeno cobra un precio trágico. *El departamento del Cauca y su capital, Popayán, han sido históricamente el escenario de mesianismos políticos de todos los extremos*. Durante décadas, nos han vendido la idea de que la redención regional vendrá encarnada en un apellido ilustre, en una bandera partidista o en un discurso incendiario de plaza pública.
*Mientras los simpatizantes se trenzan en batallas ideológicas para defender a figuras que ni siquiera conocen el barro de nuestros municipios*, las realidades del territorio permanecen intactas:
- *Comunidades vulnerables* atrapadas en la violencia y el olvido institucional.
- *Procesos de desarrollo diferidos* por mezquindades presupuestales e intereses electorales.
- *Una juventud profesional* en Popayán obligada a emigrar por falta de oportunidades reales.
Apostar la conciencia entera a un político local o nacional no nos ha hecho más prósperos ni más libres; nos ha dejado divididos y con las mismas carencias de siempre.
*Una mirada con criterio: ¿Qué líderes necesita el Cauca?*
Si la fe política es una trampa, ¿cuál es la alternativa para la ciudadanía caucana? La respuesta no es la apatía ni el cinismo, sino el *retorno al juicio crítico y a la responsabilidad ética*.
| *Liderazgo Idolátrico (El caudillo)* | *Liderazgo Servicial (Lo que el Cauca requiere)* |
| Exige lealtad acrítica y disciplina de trapo. | Acepta el escrutinio, la veeduría y la rendición de cuentas. |
| Se alimenta de la polarización y el odio de secta. | Construye puentes entre los sectores sociales, étnicos y urbanos. |
| Promete soluciones mágicas e inmediatas. | Trabaja sobre planes estructurados y realidades presupuestales. |
| Utiliza a las comunidades como botín electoral. | Pone la dignidad de los más vulnerados en el centro de su gestión. |
El Cauca y sus municipios no necesitan mesías ni nuevos sacerdotes de la política. Necesitan *administradores serios, líderes y lideresas* con vocación de servicio, capaces de entender que el poder público no es un pedestal para el ego, sino una herramienta de transformación para los sectores más desprotegidos.
*Conclusión: Desmantelar los falsos altares*
Quien se burla de la fe trascendente *para terminar de rodillas ante un afiche de campaña no ha superado la religión*: solo cambió de ídolo, y el suyo, con los años, se arrugará y quedará en el olvido.
Para el ciudadano creyente, la lección es clara:*no se puede equiparar la cruz con el voto*. Confundir el compromiso ético con la militancia ciega es traicionar los principios más elementales de la propia fe. Y para el ciudadano que se pretende laico o escéptico, el reto es el mismo: dejar de llamar “razón” a lo que es simple fanaticada.
*Es hora de desmantelar los falsos altares en el Cauca. El futuro de Popayán y de nuestras regiones no se construye endiosando a hombres o mujeres de carne y hueso, sino exigiendo rigor, ética y verdaderas propuestas para la gente que más lo necesita*.
*MARCELO ARANGO MOSQUERA*
*COLUMNISTA COLOMBIA EXTREMO*

































































