Regresar a casa debería ser un acto de paz. Sin embargo, para miles de familias en el Cauca y en las calles de Popayán, *el retorno se ha convertido en una travesía violenta donde el mapa no lo trazan los mares, sino las retenciones en la vía Panamericana, los combates en la cordillera y el zumbido constante de los drones cargados de explosivos*.
Nuestra tierra atraviesa hoy su propio poema trágico. *Mientras el país observa desde la distancia o distrae su atención en discusiones efímeras de redes sociales, el departamento del Cauca enfrenta monstruos desgarradores y reales*: una soberbia estatal que olvida y margina, disputas territoriales que deshumanizan municipios enteros como Jamundí, Morales o Argelia, y un abandono estructural que empuja a los jóvenes a buscar refugio lejos de sus hogares.
Popayán, *la tradicional “Ciudad Blanca”, ya no es solo ese refugio de memoria colonial y tranquilidad castiza*. Hoy es el epicentro donde desemboca la nostalgia dolorosa del despojo. A la capital caucana llegan diariamente ciudadanos transformados por el desplazamiento forzado, madres que aguardan noticias en medio de la *incertidumbre y jóvenes migrantes que, tras recorrer el país o el mundo buscando un futuro digno, descubren al volver que la tierra natal sigue atrapada en la misma tormenta incesante*.
Al igual que en las tragedias clásicas, *el mayor peligro no radica únicamente en las balas, sino en la pérdida de la empatía*. Nos acostumbramos al bloqueo, al atentado semanal, al terror que encierra a las comunidades en sus propias casas. Aceptamos el horror como paisaje rutinario.
La verdadera prueba caucana no se resolverá con consignas vacías ni con discursos polarizantes. *Exige la templanza de atarse al mástil de la dignidad comunitaria para resistir el canto de sirena del odio y el fanatismo*. El Cauca no necesita héroes trágicos ni victorias de papel; exige paz territorial concreta, garantías para transitar por sus carreteras sin miedo y la oportunidad real de que sus hijos puedan regresar, florecer y reconstruir el hogar sin que la guerra los vuelva a arrebatar.

































































