La política colombiana, fiel a su tradición de contrastes viscerales, nos regala una nueva postal de la polarización que definirá las urnas en 2026. Las recientes declaraciones del senador Mauricio Gómez Amín no son solo un dardo retórico; son el trazado de una línea en la arena que busca simplificar la complejidad del país en dos bandos irreconciliables: el de las instituciones frente al de las insurgencias.
La Circular de la Discordia
El detonante ha sido una circular interna del Partido Comunes, fechada en marzo de 2026, donde la colectividad nacida del Acuerdo de Paz oficializa su apoyo a la llave presidencial de Iván Cepeda y Aída Quilcué. Para el senador Gómez, este documento no es un ejercicio legítimo de participación política, sino una prueba de fuego. Al tildarlo como el “apoyo de las Farc”, Gómez recurre a la narrativa del miedo y la memoria del conflicto para estigmatizar una candidatura que, guste o no, se mueve dentro del tablero democrático del Pacto Histórico.
El “Tigre” en su Territorio
En la otra esquina, el senador exalta la figura de Abelardo De la Espriella. La imagen del abogado recibiendo un baño de masas en Santa Marta es utilizada como el contrapeso “moral” y “popular”. Mientras a Cepeda se le vincula con el pasado insurgente, a De la Espriella se le reviste con el aura del respaldo ciudadano espontáneo del Magdalena. Es la política del símbolo: el “Tigre” que promete mano dura frente al “Camarada” que propone la continuidad de los cambios sociales.
¿El Lado Correcto de la Historia?
La afirmación de Gómez de que “la ciudadanía decidió estar del lado correcto de la historia” es, cuanto menos, pretenciosa. En una democracia vibrante, el lado “correcto” lo definen los votos, no las etiquetas. Lo que estamos presenciando es el inicio de una campaña donde:
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La derecha apostará por la seguridad y la identidad regional como antídoto al modelo actual.
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La izquierda buscará consolidar su base social mediante figuras de trayectoria activista como Cepeda y Quilcué.
Nota al margen: La controversia sobre la circular de Comunes subraya que, diez años después de la firma de la paz, el estigma sigue siendo el arma electoral más afilada.
Conclusión
Colombia se encamina a una elección de identidades. La narrativa de “Farc vs. Ciudadanía” es efectiva para encender las redes sociales, pero simplista para un país que exige soluciones a la inseguridad, la corrupción y el hambre. ¿Podrá el centro o una propuesta menos binaria romper este espejo? Por ahora, el tigre ruge en el Caribe y el Pacto se atrinchera en sus bases; el país, mientras tanto, observa un guion que ya cree conocer de memoria.


































































