En el complejo ajedrez político colombiano, Paloma Valencia ha decidido mover sus fichas con una mezcla de pragmatismo técnico y fervor doctrinario. Su discurso no es nuevo, pero su empaque sí lo es: se presenta no solo como la guardiana del legado de Álvaro Uribe Vélez, sino como la mujer que busca desactivar las “cinco bombas” que, según ella, el gobierno de Gustavo Petro dejará como herencia.
La propuesta de Valencia se sostiene sobre tres pilares que merecen un análisis pausado: la seguridad como eje transversal, la alianza con el centro técnico y la confrontación directa con el odio como estrategia electoral.
1. La Seguridad: El “Uribismo” en el ADN
Valencia no maquilla su mentoría. Al contrario, la reivindica con orgullo. Su intención de nombrar a Uribe como Ministro de Defensa, o al menos de intentarlo, es una declaración de guerra simbólica contra la “Paz Total” de Petro. Al proponer “cazar” a los criminales y eliminar la interlocución política con grupos armados, Paloma apela a ese electorado que añora la Seguridad Democrática de principios de siglo. Sin embargo, el reto no es menor: el país de 2026 no es el mismo de 2002, y la efectividad de una mano dura “tradicional” frente a economías criminales mutantes (como la minería ilegal y la extorsión urbana) está por verse.
2. El Factor Oviedo: ¿Pluralidad o Conveniencia?
Quizás el movimiento más audaz de su campaña es la fórmula con Juan Daniel Oviedo. Representan el agua y el aceite en términos de estilo: ella, la oradora fogosa y de derecha pura; él, el técnico de centro y símbolo de diversidad. Valencia utiliza esta alianza para enviar un mensaje de “unidad en la diferencia”, intentando despojarse del estigma de la intransigencia. Si esta mezcla logra convencer a los “petristas arrepentidos” y a los jóvenes que ven en Oviedo una figura moderna, Valencia podría tener el oxígeno necesario para cruzar la meta hacia la segunda vuelta.
3. Las “Cinco Bombas” y la Realidad Fiscal
La senadora identifica con precisión los dolores de cabeza del colombiano promedio: salud, energía, seguridad, déficit fiscal y corrupción. Su diagnóstico es severo, especialmente en el tema fiscal, donde propone una refinanciación de deuda y un apoyo internacional estilo Milei. No obstante, su propuesta de “reducir el Estado” y eliminar ministerios choca de frente con su promesa de una “política social agresiva”. Gobernar con una chequera diezmada y un déficit de $100 billones requerirá más que carácter; requerirá una cirugía económica sin precedentes que podría costarle capital político muy temprano en su mandato.
Conclusión
Paloma Valencia se está posicionando como la antítesis emocional y política de Iván Cepeda y el petrismo. Al criticar a figuras como Abelardo de la Espriella por usar el “odio” como motor, intenta ubicarse en un lugar de firmeza pero con “manos limpias”.
Su campaña es una apuesta por el orden y la nostalgia de una seguridad que muchos consideran perdida. Colombia deberá decidir si el camino hacia el futuro es, efectivamente, una página en blanco escrita con los colores de la pluralidad o si, como dicen sus críticos, se trata simplemente de un retorno a un pasado que el país ya creía haber superado. Lo cierto es que, con Uribe hablándole al oído y Oviedo caminando a su lado, Paloma Valencia nunca había estado tan cerca —ni tan lejos— de la Casa de Nariño.


































































