Quien *no haya arreglado el país o por lo menos el departamento, al calor de un café bien cargado en los alrededores del Parque Caldas, sencillamente no conoce la esencia de la política caucana*. En Popayán, las paredes no hablan: hablan los corrillos. Esos círculos de opinión espontánea donde todo se sabe, todo se teje y, por supuesto, todo se cobra.
En estos días de reacomodos políticos, *donde el ambiente electoral empieza a agitarse y los “reencauchados” de siempre miran con nostalgia el poder, un rumor ha empezado a tomarse las mesas y las bancas de nuestro amado parque*. Dicen las malas y las buenas lenguas que hay un viejo conocido con ganas de meterse en la carrera por la Gobernación del Cauca.
Las señas que dejan caer en los corrillos son tan claras que, para el buen entendedor, sobran los nombres propios:
- *El origen*: Hijo legítimo de Totoró.
- *El color*: Liberal de pura cepa, de esos que saben moverse en las huestes del trapo rojo.
- *El perfil*: Un excelente ser humano, un conversador formidable, de esos que encantan con la palabra… pero con una fama legendaria de “Pinocho”.
*”Dicen en el parque que sus mentiras no eran simples cuentos, sino herramientas de alta ingeniería política que le sirvieron, entre otras cosas, para asegurar una jugosa pensión de exrepresentante a la Cámara gracias al voto de los incautos.”*
El asunto no es menor. La política caucana cicla constantemente entre la renovación y el eterno retorno de sus figuras idas. *Que un curtido excongresista, recordado más por su astucia para el acomodo y su sutil relación con la verdad que por ejecutorias memorables, aspire a regir los destinos de un departamento tan complejo como el nuestro, enciende de inmediato las alarmas (y las risas) en las tertulias payanesas*.
El Cauca de hoy, *golpeado por la violencia, la falta de oportunidades y una desconexión histórica con el centro del país, no está para cuentos de hadas ni para promesas de Pinocho*. Sin embargo, la política local tiene una memoria extrañamente corta y un misticismo único: a veces, al electorado le fascina que le hablen bonito, aunque sospechen que detrás de la labia no hay más que aire.
*¿Le alcanzará el encanto de buen conversador para revivir las viejas glorias liberales, o el peso de su fama de “mentiroso” será el lastre que lo deje varado en la plaza pública?*, Por ahora, el candidato en mención sigue moviendo sus hilos en la sombra, mientras en el Parque Caldas,el termómetro que todo lo ve y todo lo sabe, se sigue destilando el chisme político entre sorbo y sorbo de café. *Habrá que ver si el electorado caucano decide volver a estirarle la nariz a la historia*.


































































