El ajedrez político del Huila acaba de despejar uno de sus peajes jurídicos más comentados de cara a las elecciones de 2027. La confirmación de que Rodrigo Lara Sánchez no está inhabilitado para aspirar a la Gobernación, a pesar del inminente nombramiento de su hermano Rodrigo Lara Restrepo como Ministro del Interior, devuelve las aguas a su cauce legal, pero agita inevitablemente el tablero de las percepciones públicas.
Desde el estricto derecho, el debate nació estéril. La Ley 2200 de 2022 y los conceptos de la Función Pública son taxativos: para que exista inhabilidad por parentesco, la autoridad civil o política del familiar debe ejercerse dentro de la misma jurisdicción administrativa. Un Ministro del Interior opera en el olimpo del orden nacional; el Huila es una entidad territorial autónoma. Querer amarrar la aspiración del exalcalde de Neiva a las funciones de su hermano en Bogotá no era más que una leguleyada o, siendo realistas, una estrategia de sus contradictores para sembrar dudas tempranas en el electorado.
Sin embargo, resuelto el dilema jurídico, emerge el verdadero desafío para Lara Sánchez: el veredicto de la opinión pública.
En política, de la legalidad no siempre se traduce en legitimidad absoluta ante los ojos del votante de a pie. Aunque la ley aclare que no hay un cordón umbilical administrativo entre el Ministerio del Interior y el despacho del gobernador en Neiva, la oposición no tardará en explotar la narrativa del “hiper-poder” familiar. Para un departamento históricamente escéptico de los centralismos, ver a un hermano manejando la política interna del país y a otro pretendiendo gobernar el departamento puede ser interpretado por algunos sectores como una concentración excesiva de influencia.
El reto de Rodrigo Lara Sánchez no será defenderse en los tribunales, donde ya tiene la partida ganada, sino en las plazas públicas y los micrófonos. Tendrá que demostrar que su proyecto por el Huila brilla con luz propia, apoyado en su experiencia previa y sus ejecutorias, y no bajo el potente reflector que su hermano encenderá desde la Casa de Nariño.
La cancha está nivelada jurídicamente y su aspiración sigue viva. Ahora bien, en el Huila del 2027, el electorado exigirá propuestas que huelan a territorio, no a dinámicas bogotanas. La ley ya le dio el aval; la coherencia y la distancia estratégica determinarán si los huilenses le dan el voto.


































































