Relevo en la Secretaría de Hacienda de Popayán no es un cambio de sillas cualquiera; es el traspaso del timón económico de la ciudad en un momento donde la estabilidad financiera no permite experimentos. La salida de Juliana Sarmiento deja la vara alta: su gestión no solo mantuvo a flote el barco, sino que resolvió un dolor de cabeza histórico para las finanzas locales al concretar el acuerdo de pago con los hermanos Solarte. En su reemplazo llega Jennifer Valencia Rivera, una abogada experta en derecho laboral y seguridad social, cuya primera gran carta de presentación es su independencia política.
En una época donde el mérito suele cotizarse a la baja frente al favor partidista, que la administración municipal apueste por un perfil técnico y proveniente del sector privado y la academia es, de entrada, una buena señal. Popayán necesita que su billetera se maneje con criterios contables y jurídicos rigurosos, no con cálculos electorales.
Sin embargo, el perfil de la nueva secretaria enciende un debate interesante. La experiencia de Valencia Rivera se ha centrado en las minucias del derecho laboral y las batallas prestacionales ante gigantes como Colpensiones o Porvenir. Si bien este bagaje le otorga una indudable solidez legal, crucial para blindar al municipio de demandas y pasivos, la Secretaría de Hacienda exige también una visión macroeconómica agresiva.
El gran desafío de la nueva funcionaria no será solo mantener la inercia del recaudo actual, sino responder a dos preguntas fiscales urgentes para Popayán: ¿Cómo ensanchar la base de ingresos propios sin ahogar al contribuyente de a pie? Y, ¿cómo modernizar el aparato tributario local para que la ciudad dependa menos de las transferencias nacionales?
A favor de Valencia Rivera juega su reputación de rigurosidad y el hecho de no deberle el puesto a las dinámicas tradicionales del poder regional. Ese “aire fresco” puede ser la llave para una gestión transparente. No obstante, el tiempo en la administración pública corre más rápido que en la academia. El beneficio de la duda está otorgado; ahora le corresponde a la nueva secretaria demostrar que el rigor de la ley laboral se puede traducir con éxito en la audacia financiera que Popayán necesita para asegurar su futuro.


































































