Las ferias y fiestas de los municipios colombianos tienen una magia innegable. Son el espacio donde la identidad local se abraza con el jolgorio, donde la música retumba en la plaza principal y donde la tradición parece renovarse entre aplausos, candidatas al reinado y orquestas hasta la madrugada. La XLIII Feria Agropecuaria, Cultural, Turística y Deportiva de La Sierra 2026 no ha sido la excepción en su arranque: un «cierre con broche de oro» para su primer día que la Administración Municipal, en cabeza del alcalde Manuel Fernando Guerrero Ortega, celebra con entusiasmo en el papel y en las redes.
Sin embargo, tras el confeti, el escenario iluminado y la alegría indudable de la comunidad al congregarse, la labor periodística exige mirar unos metros más allá de la tarima.
Las ferias locales no son solo un espectáculo de entretenimiento; son, en esencia, una vitrina política y económica. Bajo los títulos de “Agropecuaria, Cultural, Turística y Deportiva”, estos eventos deben ser mucho más que una excusa para la rumba oficializada. Son el espejo en el que un municipio muestra su verdadera capacidad productiva, el respaldo real a sus campesinos, el impulso a sus emprendedores turísticos y la promoción del talento deportivo local.
Que la comunidad disfrute y celebre “lo nuestro” es necesario y vital para el tejido social, en particular en regiones golpeadas por dinámicas complejas donde la cultura y el encuentro comunitario actúan como bálsamo. Sin embargo, la efectividad de una gestión pública no se mide únicamente por la calidad de la orquesta contratada ni por el brillo del Reinado de la Simpatía. La pregunta que queda flotando cuando las luces de la plaza se apagan es: ¿cuánto de este esfuerzo presupuestal y logístico se traduce en un impacto duradero para el agro y el turismo de La Sierra?
Apenas comienza la XLIII edición de esta feria. La fiesta continúa, y el pueblo tiene todo el derecho de gozarla y apropiársela. Pero la verdadera “corona” para la administración municipal no estará en el veredicto del reinado, sino en garantizar que, al apagar los micrófonos, el sector agropecuario y los productores sierrense hayan ganado algo más que una noche de baile.
































































