La reciente mesa técnica convocada por la Gobernación del Cauca ante el estado de Alerta Naranja del volcán Puracé deja una lección fundamental para la región: la gestión del riesgo no es solo cuestión de desplegar carpas o activar ambulancias cuando el desastre es inminente, sino de construir confianza y precisión técnica mucho antes de que la tierra retumbe.
La articulación entre la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), el Servicio Geológico Colombiano (SGC), la gobernación y las alcaldías de Popayán, Puracé, Sotará y Timbío representa un paso institucional acertado. Sin embargo, el punto más crítico de esta reunión no estuvo únicamente en la evaluación de los recursos operativos, sino en un enemigo silencioso pero devastador: la desinformación en redes sociales.
En tiempos de incertidumbre geológica, el pánico digital se expande con mayor rapidez que un flujo piroclástico. Las imprecisiones sobre los mapas de amenaza y los sectores supuestamente vulnerables a flujos de lodo en Popayán demuestran que la desinformación puede paralizar a una ciudad entera o generar caos innecesario. Por ello, la decisión del SGC y las autoridades departamentales de priorizar la comunicación del riesgo como una herramienta técnica de prevención es el mayor acierto de esta jornada.
Informar con rigor técnico no implica minimizar el riesgo, sino dotar a la ciudadanía de las herramientas adecuadas para reaccionar con calma y efectividad. Que líderes como Wiesner Cortés y geólogos como Jaime Raigosa pongan sobre la mesa la necesidad de pedagogía comunitaria demuestra que la tecnología de monitoreo es inútil si la población consume y comparte información no verificada.
El reto que sigue para el departamento del Cauca no es menor. Las mesas técnicas no deben quedarse en actas firmadas o fotos institucionales; deben traducirse en simulacros reales, pedagogía directa en las veredas de mayor amenaza y una línea directa de comunicación transparente con el ciudadano de a pie. La naturaleza no avisa con fechas exactas, pero la institucionalidad y la comunidad sí pueden estar listas cuando la preparación se asume como una responsabilidad compartida.
































































