Hablar de caficultura en el departamento del Cauca trasciende las cifras macroeconómicas; se trata del tejido social y cultural que sostiene a miles de familias en nuestra región. La reciente jornada de elecciones cafeteras y los datos expuestos por el Dr. Danilo no hacen más que ratificar una realidad visible en las montañas caucanas: el café es el principal motor de transformación y pacificación territorial.
Con más de 96.000 caficultores distribuidos en 32 de nuestros 42 municipios, la caficultura es el pilar que sostiene la economía rural caucana. Ocupar el cuarto lugar en productividad nacional no es un dato menor, pero el verdadero mérito radica en el posicionamiento de la calidad de nuestro grano en mercados exigentes como Estados Unidos, Europa y China. El café del Cauca es reconocido internacionalmente por su acidez limpia, sus notas florales y dulces, características que responden tanto a las bondades de nuestro suelo volcánico como al saber hacer de pequeños y medianos productores.
Sin embargo, el verdadero valor de estas jornadas democráticas radica en el ejercicio de la gobernanza gremial. En un departamento atravesado por complejos desafíos sociales y de orden público, que el sector cafetero cuente con canales institucionales sólidos para elegir a sus representantes es un ejemplo de construcción de país desde la base.
El voto en las elecciones cafeteras es una herramienta de legitimidad. Permite que la voz del pequeño caficultor incida en las políticas de apoyo, tecnificación, vías terciarias y precio sustentable. Apoyar y fortalecer la institucionalidad cafetera es, en última instancia, apostarle al bienestar de las familias rurales y a la consolidación de economías lícitas y sostenibles en el departamento. El Cauca sigue demostrando que su mayor riqueza reside en la fuerza y dedicación de su gente rural.


































































