El Congreso de la República debería ser un espacio para el debate constructivo y la búsqueda de soluciones a los problemas del país. Sin embargo, lo que vemos con frecuencia es un *escenario para el espectáculo y el enfrentamiento personal*. El reciente altercado entre el senador Jota Pe Hernández y el representante Ermes Pete es una muestra clara de esta triste realidad.
El contexto de la discusión hace el incidente aún más lamentable. Un grupo de víctimas de la masacre de Caloto, en el departamento del Cauca, llegó al Congreso buscando ser escuchadas y exigir apoyo institucional. En lugar de encontrar un espacio de empatía y respeto, se convirtieron en testigos de un *bochornoso cruce de acusaciones* entre dos de sus representantes.
*Cuando la forma es más importante que el fondo*
El senador Hernández, con su característica forma airada, acusó al representante Pete y al CRIC de “vagabundería” y de quedarse con la plata de las comunidades. Por su parte, Pete señaló a Hernández de *“usar políticamente el dolor indígena”*. En medio de los gritos y los insultos, la verdadera razón de la reunión (las víctimas) quedó completamente en segundo plano.
Este tipo de episodios no solo *erosiona la confianza de la ciudadanía* en sus líderes, sino que también desvirtúa el propósito de la política. Cuando los legisladores se preocupan más por ganar una pelea mediática que por encontrar soluciones para los problemas reales, *todos perdemos*. La lucha de las comunidades indígenas, sus demandas y su dolor se convierten en simple material para una disputa de egos.
*¿Es esto lo que elegimos?*
El incidente es un reflejo de la profunda *polarización política* que vive el país. Sin embargo, la tensión ideológica no justifica la pérdida del respeto ni la falta de decoro en un recinto tan importante. . Los ciudadanos no elegimos a nuestros congresistas para que se comporten como *”peliadorsitos de barrio”*, sino para que representen nuestros intereses y trabajen por el bienestar colectivo.
Es urgente que los congresistas y líderes políticos recuperen la capacidad de dialogar y debatir con altura, *poniendo a las víctimas y a los problemas del país en el centro de la discusión*.
Porque al final del día, los insultos y los empujones en el Capitolio no resuelven nada, solo perpetúan el dolor de quienes, *con la esperanza de ser escuchados, se encuentran con un show vacío.*
































































