La reciente sesión del Comité Municipal de Política Social (COMPOS) en el barrio Pandiguando, en Popayán, no es solo un evento protocolario, sino un hito significativo en la gestión municipal. La presencia de más de 350 asistentes, liderados por el gerente de AAPSA, John Diego Parra Tobar, y el alcalde Juan Carlos Muñoz, subraya el compromiso con un tema crucial: la Política Pública de Juventud.
Este encuentro, que contó con la participación activa del Consejo Municipal y la Plataforma de Juventud, representa un paso vital para evaluar los avances y los desafíos en la implementación de acciones dirigidas a los jóvenes.
De la agenda política a la realidad social
La inclusión de los jóvenes en la agenda pública es una necesidad imperante. A menudo, la juventud es vista como un grupo pasivo o problemático, sin reconocer su capacidad de agencia y su potencial transformador. La sesión del COMPOS demuestra que la administración municipal está optando por un enfoque diferente: uno que reconoce a los jóvenes como actores clave en la construcción de su propio futuro y el de su comunidad.
El seguimiento a los planes de acción de las mesas poblacionales es un ejercicio de rendición de cuentas que va más allá de las promesas. Permite a la ciudadanía, en este caso a los jóvenes y sus representantes, constatar si las políticas se están traduciendo en resultados tangibles, como acceso a educación, empleo, salud mental y espacios de participación.
El desafío de la continuidad y la apropiación
Aunque el evento es positivo, el verdadero desafío reside en la continuidad y la apropiación. La Política Pública de Juventud no puede ser un plan de gobierno que se olvida al terminar un mandato. Debe ser una hoja de ruta a largo plazo, con metas claras y financiamiento asegurado, que se mantenga independientemente de quién ocupe la alcaldía.
La participación del Consejo y la Plataforma de Juventud es crucial en este proceso. Estos espacios no solo legitiman las decisiones, sino que también garantizan que las políticas públicas respondan a las necesidades reales y sentidas de los jóvenes. La experiencia de Popayán puede ser un modelo para otras ciudades que buscan fortalecer su tejido social y empoderar a las nuevas generaciones.
En última instancia, lo que ocurrió en el barrio Pandiguando es una demostración de que la democracia participativa es posible. Se trata de escuchar, dialogar y trabajar de la mano con la ciudadanía para construir un futuro más justo y equitativo.
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