“Mal paga el diablo, a quien bien le sirve.” Con esta lapidaria frase, que resuena con la amargura del desengaño, Carlos Eduardo Arizabaleta, hermano de la congresista Gloria Arizabaleta, ha puesto el dedo en la llaga de una dura realidad política. El líder, cuya lealtad al proyecto de Gustavo Petro y el Pacto Histórico lo llevó a ser una figura clave en el Comité Regional del Pacífico y Suroccidente, ha sido dejado por fuera de la lista a la Cámara de Representantes. En un movimiento que muchos ven como una bofetada a su compromiso, el caso de Arizabaleta se ha convertido en un sombrío ejemplo de cómo la lealtad en la política colombiana puede ser una virtud que no vale nada.
Un Servicio sin Recompensa
Durante años, Carlos Eduardo Arizabaleta sirvió fielmente a la causa del Pacto Histórico .Su labor no fue menor: contribuyó a construir la base política en una de las regiones más complejas y estratégicas del país. En el argot político, esto es “servir bien”. Es el trabajo de cimentar el apoyo, de organizar las bases y de ser un soldado en las trincheras del movimiento. Este tipo de lealtad, que no busca el protagonismo mediático sino el trabajo de hormiga, es lo que supuestamente sostiene a los grandes proyectos políticos. Sin embargo, su servicio no fue premiado, sino descartado.
La Amarga Parábola del “Mal Pago”
La metáfora de Arizabaleta es brutalmente honesta. El “diablo” en esta parábola no es una figura mitológica, sino la fría y pragmática lógica de los partidos políticos. Es la maquinaria que, en aras de la estrategia, las cuotas o las alianzas de última hora, decide prescindir de quienes estuvieron desde el principio. El “mal pago” es el olvido, la exclusión de una lista que debería reconocer los méritos y el sacrificio. La lealtad de Arizabaleta, en lugar de ser un activo valioso, se convirtió en un factor irrelevante en la ecuación del poder.
La conclusión es desoladora y clara: ser leal a un proyecto político no garantiza absolutamente nada. En un escenario donde el valor de una persona se mide por su capacidad para atraer votos de forma inmediata o por su utilidad en las alianzas, la lealtad queda en cero.
La Peligrosa Señal para el Futuro,El caso de Arizabaleta no es un simple desaire persona; es un mensaje para toda la militancia del Pacto Histórico. Si a un líder con su trayectoria se le deja a un lado, ¿qué pueden esperar aquellos que recién se unen al movimiento? Este tipo de decisiones pueden erosionar la confianza y desincentivar la verdadera militancia, reemplazándola por una política de conveniencia donde cada uno mira por sus propios intereses a corto plazo.
Al final, la frase de Carlos Eduardo Arizabaleta no es solo un lamento, sino un eco de una verdad incómoda: en la implacable arena de la política, no siempre el que mejor sirve recibe la mejor recompensa. Al contrario, a veces, la lealtad es la primera en ser sacrificada en el altar del poder. Y ese, sin duda, es el peor de los pagos.


































































