La noticia del asesinato del patrullero Jasmir Gustavo Ortiz Pardo en Puerto Tejada es un duro recordatorio de la fragilidad de la vida y el alto costo de la violencia. Su muerte, mientras cumplía su deber de proteger y servir, deja una profunda herida no solo en su familia y en la Policía Nacional, sino en toda la sociedad caucana. En momentos como este, el abrazo y el respeto a sus seres queridos son el mínimo gesto de solidaridad que podemos ofrecer.
Este trágico evento subraya una verdad dolorosa: la violencia no puede ser el destino de una región rica en cultura, historia y gente trabajadora. La vida es un derecho sagrado, y la lucha por preservarla debe ser una prioridad inquebrantable para todos. La Gobernación del Cauca y las autoridades locales han manifestado su compromiso de reforzar la acción conjunta con la Fuerza Pública y la comunidad. Esta colaboración es fundamental, pues la seguridad no es solo una tarea de las instituciones, sino una responsabilidad colectiva.
La Unión Hace la Fuerza: Un Camino Hacia la Paz
“¡El Cauca merece vivir en paz con seguridad!”,
resuena con una urgencia palpable. Lograr esta meta requiere más que palabras. Exige la unión de la sociedad civil, la cooperación entre las diferentes fuerzas del orden y la implementación de estrategias que no solo combatan la delincuencia, sino que también ataquen las causas profundas de la violencia.
La memoria del patrullero Ortiz Pardo debe ser un motor que impulse esta búsqueda de la paz. Su sacrificio no debe ser en vano. Su historia nos invita a reflexionar sobre el valor del servicio, el peligro que enfrentan quienes velan por nuestra seguridad y la necesidad de construir un futuro donde la violencia ya no cobre más vidas inocentes. Un Cauca en paz no es un sueño imposible, es una meta que podemos alcanzar si trabajamos juntos, con determinación y respeto por la vida.


































































