El silencio de la madrugada en Popayán fue brutalmente interrumpido por el sonido de las balas. La noticia de la muerte de Karen, una mujer trans, ha sacudido a la comunidad y ha expuesto, una vez más, la vulnerabilidad de las personas LGBTQ+ en nuestro país. El relato oficial habla de una bala perdida durante un presunto enfrentamiento con un delincuente. Sin embargo, los testimonios de quienes la conocían pintan un cuadro muy distinto: una versión que apunta directamente a la brutalidad policial.
Karen, conocida por cuidar carros en los barrios La Esmeralda y El Cadillal, era un rostro familiar y una parte de la vida cotidiana de la ciudad. Su vida no era solo la de una persona trans, sino la de una cuidadora, una amiga, y lo más doloroso, una hermana. El testimonio de Carol Chacón, que la acogió y cuidó, nos recuerda que Karen era mucho más que un titular. Era una persona con sueños y afectos, cuyo último acto de cuidado fue dejar en este mundo a su hermano Erick, un niño con síndrome de Down que ahora necesita ayuda. Su historia es un recordatorio de que cada vida arrebatada deja un vacío en quienes la amaron.
Dos versiones, una verdad por revelar
Mientras las autoridades investigan, existen dos narrativas en conflicto. La primera, la de la Policía, sugiere que Karen fue una víctima trágica de un fuego cruzado, un desafortunado daño colateral. La segunda, la de los testigos, denuncia un ataque directo, una persecución que terminó en un asesinato a sangre fría. Esta versión, respaldada por un video que circula en redes sociales, es un grito desesperado por justicia. ¿Se trató de una bala perdida o de una ejecución? Esta pregunta no puede quedar en el aire. La falta de un pronunciamiento oficial por parte de la Policía Metropolitana de Popayán solo aumenta las sospechas y la indignación.
La muerte de Karen no es un caso aislado, sino un síntoma de una problemática más profunda: la violencia que enfrenta la comunidad LGBTQ+ y la impunidad con la que, a menudo, operan ciertos miembros de la fuerza pública. La justicia en este caso no solo es para Karen, sino para cada persona que vive con el miedo constante de ser atacada por ser quien es.
El llamado a la acción y a la solidaridad
La movilización de los colectivos LGBTQ+ en Popayán, que exigen una investigación exhaustiva, es un paso fundamental. La sociedad no puede quedarse callada ante este tipo de atrocidades. Es imperativo que las autoridades competentes, como la Fiscalía, actúen con celeridad y transparencia, esclareciendo los hechos y castigando a los responsables si se demuestra que fue un acto de violencia premeditado.
La vida de Karen fue truncada de manera violenta, pero su legado puede ser el de una lucha por la justicia y el respeto. Su historia nos obliga a reflexionar sobre el tipo de sociedad que estamos construyendo. ¿Estamos permitiendo que la violencia y el odio sigan cobrando vidas? Es momento de que la solidaridad se extienda más allá del dolor y se convierta en una acción concreta, no solo para honrar la memoria de Karen, sino también para asegurar que su hermano Erick reciba el apoyo que ahora necesita. La verdadera justicia para Karen será que su muerte no sea en vano, sino que se convierta en el catalizador para un cambio real y duradero.
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