La noticia de la diligencia de arraigo del exministro del Interior, *Luis Fernando Velasco, ante la DIJÍN, en el marco de las investigaciones por el caso de corrupción en la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD)*, ha encendido una nueva alarma en la política nacional. Este no es un simple paso procesal; es la confirmación de que el cerco judicial se está cerrando sobre uno de los escándalos más resonantes del actual Gobierno.
*La Sombra que se Alarga*
El caso de la UNGRD, inicialmente focalizado en los sobrecostos de carrotanques para La Guajira y las denuncias de presuntos sobornos en el Congreso, está demostrando ser un entramado de corrupción con ramificaciones profundas. *La inclusión del nombre de un exministro de la talla de Velasco en las diligencias*, incluso si solo es por “arraigo” (una medida para asegurar su comparecencia), *significa que la Fiscalía está escalando la investigación y tocando esferas de alto poder*.
La consigna de los corrillos políticos y de la ciudadanía es clara: *“crece la acusación”*. Lo que hace semanas parecía un pleito entre funcionarios de segundo nivel, ahora salpica a pesos pesados de la coalición de gobierno. Esto fortalece la percepción de que la verdad, como reza el optimismo popular, está cerca de salir a la luz.
*El Reloj de la Justicia Corre*
El sentir general, y lo que el desarrollo de los acontecimientos sugiere, es que *“los culpables saldrán pronto a la luz del día antes de lo esperado”*. Este deseo ciudadano se basa en varios factores:
- *La Gravedad de los Hechos:* La corrupción en una entidad destinada a gestionar desastres naturales hiere profundamente la fibra social y ética. La presión pública por resultados es inmensa.
- *El Efecto Dominó:* Las declaraciones de exfuncionarios clave, como Sneyder Pinilla y Olmedo López, han activado un “ventilador” que, lejos de ser contenido, parece estar dispersando las responsabilidades hacia arriba.
- *La Oportunidad Política:* La oposición y los medios de comunicación mantienen el foco, impidiendo que el caso sea archivado o diluido en el tiempo.
La comparecencia de Velasco pone a prueba la promesa de transparencia y cambio que enarboló el Gobierno. Más allá de su responsabilidad individual, este caso se ha convertido en el espejo que refleja los problemas estructurales de la contratación estatal y la necesidad imperiosa de que la justicia actúe con celeridad, sin importar el color político del investigado.
*La Confianza en Juego*
Cada paso que da la DIJÍN o la Fiscalía en este caso no solo busca culpables, sino que *redefine la relación entre el poder y la justicia en el país*. Si se demuestra que la corrupción penetró los más altos niveles del Gobierno, el costo político será incalculable.
Colombia necesita ver que la justicia es implacable. La frase popular que resuena es un augurio: el velo de la opacidad se está descorriendo. La sociedad exige que, ahora que la acusación crece, se le dé la vuelta a la página de la impunidad. El país espera que este episodio marque un punto de inflexión, demostrando que *la verdad, por dolorosa que sea, es la única vía para restaurar la confianza*.
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