La sabiduría popular, como las *parábolas de Jesús*, usa historias sencillas para revelar verdades complejas. En los *Corrillos del Parque Caldas*, esa fuente inagotable de relatos y murmuraciones, ha surgido una anécdota que, por su ironía y su clara moraleja, merecería un lugar en cualquier libro de proverbios: la historia del supuesto *gran jinete*.
Este personaje, dicen, se ufanaba de su destreza ecuestre, llamando la atención sobre su inminente ascenso a lomos de un ejemplar excepcional que llegaría a la comarca. Lo curioso, lo verdaderamente grotesco del caso, no es su vanidad, sino su método. Pregonaba a los cuatro vientos que necesitaba una *silla de montar* cuyo valor ascendía a la estratosférica suma de *mil millones de pesos*.
¡Mil millones! Y he aquí la ironía que los Corrillos no perdonan: la bestia en cuestión, conocida por todos en la pesebrera, ya venía equipada, con su silla y todo, y sería entregada *sin costo alguno* a la comunidad, una vez aprobado su uso.
El jinete, sin embargo, ignoraba la realidad y se dedicaba a una ostentosa campaña de *fotos, videos y promesas*, asegurando que él sería el elegido para montarla, cueste lo que cueste. Su objetivo oculto era claro: inflar un botín con el engaño de una necesidad inexistente.
Esta situación es un ejemplo perfecto de la máxima: *“No hay que ensillar el caballo antes de comprarlo”*. Pero en este caso, es aún peor: no solo está ensillando antes de comprar, sino que lo hace cuando *ni siquiera le han ofrecido el caballo*, y con el agravante de que el equipo ya está incluido. Es la clásica treta de quien intenta crear una urgencia falsa para su beneficio personal, buscando desplazar y desacreditar a cualquiera que se acerque a la verdad.
Los Corrillos recuerdan que este personaje tiene un historial de enriquecerse bajo el disfraz de *“buen jinete”*. Pero toda fortuna se topa con un muro. Parece que, esta vez, se ha cruzado con alguien que *sabe galopar en muchas plazas*, alguien que conoce la verdad de la pesebrera y que, lo más importante, no necesita *pagar ni engañar* para demostrar su valía.
La moraleja es cristalina: la *verdad desnuda* siempre desmonta a la *mentira vestida de seda*. Los verdaderos jinetes no necesitan comprar una silla a sobreprecio con dinero ajeno, ni pregonar a gritos sus habilidades. Simplemente esperan su turno, conocen el valor de la bestia, y saben que la *confianza* se gana en el lomo del caballo, no en la bolsa de las *promesas vacías*.
*Que los Corrillos sigan hablando, pues sus verdades son la silla más honesta.*
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