La reciente entrega parcial del tramo El Cairo – Cajibío es una noticia que trasciende la simple inauguración de una obra; es un poderoso símbolo de que la gestión efectiva puede desempantanar proyectos largamente esperados. Que una obra que llevaba más de cinco años en proceso por fin entregue 6.3 kilómetros pavimentados a la comunidad es un motivo de celebración y, más importante aún, una lección de perseverancia administrativa.
Estos kilómetros no son solo asfalto. Son tiempo recuperado para el campesino que lleva sus productos, seguridad para las familias que se desplazan y mejor acceso a servicios básicos como salud y educación. En la geografía rural, una vía mejorada es la puerta a la dignidad y al desarrollo económico.
La clave de este avance radica en los ajustes técnicos y administrativos que permitieron destrabar el proyecto. Esto demuestra que, incluso en los procesos más complejos, la voluntad política y una administración eficiente son capaces de traducir los recursos en realidades tangibles para la gente.
Pero el compromiso no se detiene aquí. La noticia de que el proyecto entra en una nueva etapa con recursos asignados superiores a los $4.250 millones de pesos y un código BPIN definido, es un espaldarazo a la finalización integral de la vía. La construcción del box coulvert, la pavimentación adicional, la señalización y las cunetas son detalles técnicos que se traducen en una conectividad robusta y duradera.
Este avance es una victoria colectiva. Fortalece la inclusión de nuestros campesinos al sacarlos del aislamiento y ratifica que la inversión en infraestructura es la base para el bienestar de toda la comunidad. Este hito en El Cairo – Cajibío debe ser el modelo a seguir: el de la ejecución que prioriza a la gente y convierte las promesas de cemento en Vías Para La Vida.


































































