Popayán se vistió de rosa. Lo que por esencia debería ser una conmovedora manifestación de solidaridad, esperanza y conciencia en la lucha contra el cáncer de mama, terminó, para desazón de muchos, teñido con los grises y oportunistas colores de la politiquería tradicional.
La participación de miles de personas, motivadas por el corazón, por la vivencia propia o ajena de esta dura enfermedad, es el verdadero motor de estos eventos. Familias, sobrevivientes y amigos corren o caminan con un sentimiento profundo, con la bandera de la vida. Ellos son los verdaderos protagonistas.
La Sombra del ‘Pollo’ y la Candidata
Sin embargo, en medio de esta marea de buenas intenciones, el exalcalde de Popayán, Juan Carlos López Castrillón, ‘El Pollo’, pareció ver una oportunidad demasiado tentadora para dejarla pasar. La indignación que flota en el ambiente no es por la causa, sino por el burdo aprovechamiento. Traer a su “candidata presidencial”, Claudia López, a un evento de esta magnitud y con tal carga emocional, transforma automáticamente el encuentro en algo más que una carrera: lo convierte en un mitin político encubierto.
“La gente participa con el corazón, pero los politiqueros solo ven en eso una oportunidad de protagonismo.”
Esta frase resume la frustración ciudadana. ¿Era necesario que la tarima de la vida se convirtiera en un atril de campaña? ¿No hay otros espacios para la contienda electoral que no obliguen a instrumentalizar el dolor y la esperanza de quienes luchan contra el cáncer?
El Límite Ético de la Ambición
La presencia y el actuar de la exalcaldesa de Bogotá, Claudia López, en este contexto, es un baldado de agua fría a la ética. Se percibe una desmedida ambición donde, al parecer, “no importa nada y que el poder es lo más importante”. Pasar por encima de cualquier límite, utilizando la emotividad de haber sobrevivido al cáncer o de apoyar a quienes lo padecen, solo para “llamar la atención” y avanzar en su “carrera” hacia la Presidencia, es un acto de una profunda indignidad.
La política, cuando es noble, se une a la solidaridad en un segundo plano, apoyando la causa sin robarle el foco. Cuando es politiquería, se adueña del escenario, secuestra el sentimiento y lo convierte en propaganda. En Popayán, lamentablemente, fuimos testigos de lo segundo.
Una Reflexión para los Ciudadanos
El mensaje para los ciudadanos debe ser claro: la maratón fue un éxito de convocatoria y un triunfo del espíritu humano. No permitamos que la nobleza de nuestra causa sea secuestrada. Sigamos corriendo por la vida, por la salud, por la conciencia, pero desarrollemos la capacidad de discernir cuándo se nos está usando como simple telón de fondo para el show político.
El “poder” no puede ser la única meta que rija el actuar de un líder. La decencia, el respeto por el sentimiento ajeno y la capacidad de poner la causa social por encima del interés particular deberían ser los verdaderos requisitos para aspirar a dirigir el país. Popayán corrió por la vida; los políticos corrieron por los votos, y esa diferencia, infortunadamente, lo manchó todo.


































































