El desgarrador audio que revela el llamado de auxilio de un policía durante el hostigamiento en Jambaló, Cauca, no es solo una noticia; es un *puñetazo en el estómago* de la conciencia nacional. La súplica que se escucha entre el estruendo de los disparos, “¿Nos van a matar? Por Dios, manden un helicóptero…”*, encapsula la aterradora realidad de la seguridad en vastas zonas de nuestro país y expone la deuda histórica del Estado con sus ciudadanos y, más aún, con sus propios uniformados.
El clamor por un helicóptero no es un capricho táctico, sino el reconocimiento desesperado de que *solo la superioridad aérea es capaz de disuadir o contener a estos grupos armados que operan con una audacia cada vez mayor*. Es la prueba de que, sobre el terreno, nuestros policías y soldados están a menudo en desventaja, enfrentando emboscadas simultáneas que buscan “coparlos” en su propia estación.
- *La Soledad del Uniformado:* Este episodio nos obliga a preguntarnos: ¿Estamos enviando a nuestros hombres y mujeres a combatir la criminalidad con recursos insuficientes? El policía, en su angustia, no solo pedía apoyo aéreo; pedía, en esencia, *la presencia tangible del Estado* que, en ese momento, parecía lejano. La sensación de abandono es un costo moral que el Gobierno no puede permitirse.
- *El Pánico de la Comunidad:* Cuando un grupo como las disidencias de las Farc “Dagoberto Ramos” ataca simultáneamente a la Policía y a diferentes zonas del municipio, el objetivo es claro: *sembrar el terror *y demostrar quién tiene el control territorial. El hostigamiento armado no es solo contra la fuerza pública, es un mensaje de intimidación directo a la población civil, que queda atrapada en el fuego cruzado, en un ambiente de pánico e incertidumbre.
- *Una Respuesta Crónica:* Las autoridades civiles del Cauca han rechazado el hostigamiento y han pedido al Gobierno Nacional “acelerar los refuerzos de seguridad”. Esta solicitud, aunque necesaria, se ha convertido en una *muletilla recurrente*. El problema no es solo la falta de refuerzos después del ataque, sino la *ausencia de una estrategia de contención y presencia permanente* que impida que estos grupos armados tomen la iniciativa en el norte del departamento.
*El audio de Jambaló debe ser un punto de inflexión*. El balance de heridos o daños materiales es secundario frente al daño moral y la pérdida de legitimidad que sufre el Estado cuando sus agentes se sienten abandonados y la ciudadanía vive bajo el yugo del miedo.
No podemos seguir permitiendo que el único grito que se escuche en el Cauca sea el desesperado lamento de un uniformado que se pregunta si va a morir. El Gobierno Nacional debe responder a ese llamado no solo con apoyo logístico inmediato, sino con una *política de seguridad robusta y sostenida* que garantice que la presencia del Estado sea *constante, efectiva y disuasoria*, no solo una reacción tardía ante la tragedia.
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