La reciente renuncia de Miguel Uribe Londoño al Centro Democrático, orquestada tras la revelación pública de una reunión secreta en Barranquilla por parte de Abelardo de la Espriella, no es solo una crisis de militancia; es una demostración amarga de que, en política, la lealtad y los principios tienen un precio que no se debe negociar.
El relato del abogado De la Espriella —detallando una cita con siete testigos donde Uribe Londoño supuestamente planeaba renunciar y unirse a su campaña— es un golpe artero que dinamitó la precandidatura uribista. Aquí no se trata de quién dijo qué, sino de un quiebre fundamental en la ética política:
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La Lealtad No Es Moneda de Cambio: Uribe Londoño, una figura que escaló posiciones y obtuvo un significativo 4.2% de intención de voto, demostró una fragilidad ante la frustración personal. Coquetear con la disidencia mientras se es precandidato de una colectividad, y justo antes de ser marginado, revela que la lealtad al proyecto colectivo fue suplantada por la ambición o la desazón personal. La lealtad a los principios y al partido no debería desmoronarse ante el primer revés interno.
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La Integridad Como Escudo (o Espada): Abelardo de la Espriella se envuelve en la bandera de la “transparencia” al justificar su llamada al expresidente Uribe Vélez: “siempre actuaré de cara al país, diciendo en público lo mismo que hablo en privado”. Esta defensa de la integridad esconde, sin embargo, una acción de cálculo político. Al revelar la conversación, De la Espriella no solo actúa como un “veedor” de la disciplina, sino que se convierte en el catalizador de la expulsión de un rival político. En un escenario donde los principios se pregonan, la aplicación de estos terminó siendo una herramienta para sacar a un competidor del juego. La lealtad, cuando se usa para delatar a un aliado, deja de ser un valor y se convierte en una táctica.
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Principios que Cimentan, no que Derrumban: El Centro Democrático necesita preguntarse si la rigidez disciplinaria que aplicó, basada en la información de De la Espriella, es la que mejor defiende sus principios. ¿Qué es más valioso: la fidelidad ciega o la capacidad de integrar voces disidentes que, a pesar de sus flaquezas, estaban siendo valoradas por el electorado? La crisis demuestra que un partido sin métodos transparentes de resolución interna termina por sacrificar figuras valiosas en nombre de una disciplina que se impone por encima de la visión estratégica.
La reunión de Barranquilla, con sus siete testigos mudos, será recordada como el momento en que se demostró que para algunos la lealtad y los principios no tienen precio, sino un alto costo político. En este caso, el costo fue la salida forzada de Miguel Uribe Londoño y la exposición pública de las profundas fracturas internas del uribismo.


































































