La política caucana se sacude con la oficialización de la candidatura de Diana Fuentes al Congreso de la República. Esta noticia, que marca el inicio de su recorrido por el departamento, no solo representa una nueva aspiración personal, sino que plantea una pregunta crucial: ¿podrá esta líder convertirse en el factor unificador que el Partido Conservador en el Cauca necesita desesperadamente?
El anuncio llega con la fuerza de los más de 30 mil votos que Fuentes cosechó como excandidata a la Alcaldía de Popayán. Esta cifra no es un dato menor; es un capital político real que demuestra su capacidad de convocatoria y conexión con el electorado, y la posiciona automáticamente como una ficha de alto valor en el tablero regional.
Fuentes aspira a ser la voz de aquellos caucanos que se sienten excluidos, una promesa noble y necesaria en un departamento con profundas desigualdades. Sin embargo, su desafío más grande no está solo en convencer a los votantes ajenos, sino en navegar y, ojalá, neutralizar las complejas dinámicas internas de su propio partido.
La mención de un “Partido Conservador dividido por odios y celos” en el Cauca es un secreto a voces. La fragmentación, la lucha de egos y la desconfianza entre sus cuadros han mermado su otrora fortaleza en el departamento. En contiendas anteriores, esta dispersión ha sido un regalo para sus contendores.
Es aquí donde la candidatura de Fuentes toma una dimensión estratégica. Su figura, fresca, con un respaldo electoral probado y con una imagen que trasciende las pugnas tradicionales, tiene el potencial de ser ese punto de convergencia. Ella podría ser la bandera que le permita al partido dejar de mirarse el ombligo y enfocarse en el objetivo común: recuperar una curul en el Congreso.
El éxito de Diana Fuentes no solo dependerá de su carisma o de la solidez de su plataforma, sino de la madurez y la sensatez de los líderes conservadores en el Cauca. Si persisten en sus divisiones, terminarán saboteando no solo esta candidatura, sino el futuro político del partido en la región. Por el contrario, si logran rodearla y entender que su proyecto es el proyecto colectivo, el Partido Conservador podría tener una oportunidad genuina de volver a la bancada en la capital.
El Cauca necesita representación fuerte y unificada. La aspiración de Diana Fuentes es la prueba de fuego para el conservatismo local: demostrar si pueden anteponer el interés político superior a sus rencillas internas. Desde hoy, sus recorridos serán el termómetro de una contienda que, más que una lucha contra la oposición, será una batalla interna por la cohesión. Ojalá esta “bella líder caucana” consiga la curul y, de paso, la proeza de sanar a un partido enfermo de división.


































































