Por segundo año consecutivo, Bucaramanga se queda con un título que nadie quiere presumir: ser la ciudad con la inflación más alta de Colombia. Con un cierre del 5,78 % en 2025, la capital santandereana no solo supera el promedio nacional del 5,10 %, sino que consolida una tendencia preocupante que golpea directamente el bolsillo de sus ciudadanos.
Un fenómeno que no es casualidad
¿Por qué Bucaramanga sigue castigando el consumo más que Bogotá o Medellín? La respuesta no es simple, pero se explica a través de una combinación de factores estructurales y coyunturales que han creado una “tormenta perfecta” en la economía local.
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El peso de los servicios públicos: Históricamente, Santander ha enfrentado tarifas de energía y agua que se sitúan en el cuartil superior del país. En 2025, el ajuste de las tarifas de servicios fue uno de los motores principales que empujó el índice hacia arriba.
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La crisis de los alimentos y el transporte: Como centro de acopio regional, Bucaramanga depende de una logística eficiente. Los incrementos en los costos de los combustibles y las dificultades intermitentes en las vías nacionales que conectan con el centro del país han encarecido la llegada de insumos básicos.
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El sector inmobiliario: El costo de los arriendos en la capital santandereana ha mostrado una rigidez al descenso, manteniendo una presión constante sobre el presupuesto de las familias jóvenes y la clase media.
El impacto social: Más allá de las cifras
La inflación no es solo un número en un reporte del DANE; es el poder adquisitivo que se desvanece. Cuando Bucaramanga lidera este ranking, lo que realmente nos está diciendo es que el salario mínimo de un bumangués rinde menos que el de un caleño o un barranquillero. Esto profundiza las brechas de desigualdad y frena la reactivación del comercio local, pues el ciudadano, asfixiado por los gastos básicos, deja de consumir bienes no esenciales.
¿Qué sigue para la ciudad?
La administración local y los gremios no pueden seguir viendo este dato como una estadística aislada. Se requiere:
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Vigilancia de precios: Un control más estricto para evitar la especulación en productos de la canasta básica.
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Incentivos a la cadena de suministro: Fortalecer los mercados campesinos locales para reducir la dependencia de intermediarios y transporte de larga distancia.
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Gestión de servicios: Una interlocución más agresiva con las empresas de servicios públicos para revisar las fórmulas tarifarias que hoy castigan a la región.
Bucaramanga tiene todo para ser una ciudad competitiva, pero la inflación persistente actúa como un ancla. Si no se toman medidas correctivas, el costo de vida terminará por marchitar el dinamismo que siempre ha caracterizado a la capital de Santander.


































































