La noticia del retorno del volcán Puracé a la alerta amarilla es, ante todo, un respiro para el departamento del Cauca y sus comunidades aledañas. Tras semanas de incertidumbre marcadas por un incremento en la sismicidad y emisiones de ceniza que iniciaron a finales de noviembre de 2025, el informe del Servicio Geológico Colombiano (SGC) nos devuelve a una relativa normalidad. Sin embargo, este cambio de semáforo no debe ser interpretado como un cierre de capítulo, sino como un recordatorio de nuestra convivencia con un gigante dormido.
La decisión técnica, sustentada por Jaime Raigosa y su equipo en el Observatorio de Popayán, es contundente: la reducción de dióxido de azufre, la estabilidad sísmica y la ausencia de anomalías térmicas recientes indican que la energía interna del volcán ha menguado. Es un triunfo de la ciencia aplicada; gracias al monitoreo constante de estos cinco parámetros técnicos, las autoridades pudieron gestionar la crisis sin caer en alarmismos innecesarios, pero manteniendo la guardia en alto.
La Gestión del Riesgo: Un Trabajo de Filigrana
Lo más destacable de este periodo de alerta naranja no fue solo el comportamiento geológico, sino el tejido institucional. La coordinación entre la Gobernación del Cauca, las alcaldías y las comunidades indígenas y campesinas demostró que la gestión del riesgo ha madurado. Informar en tiempo real evita que el miedo se propague más rápido que la ceniza.
No obstante, la alerta amarilla no es “alerta blanca”. Como bien señala el SGC, el volcán sigue activo. El riesgo en la parte alta persiste y la tentación del turismo de aventura en el cráter debe ser frenada con rigor. La naturaleza no negocia, y la “estabilidad” volcánica es, por definición, transitoria.
El Desafío de la Información
En una era donde las noticias falsas circulan con la fuerza de un flujo piroclástico, el llamado a consultar fuentes oficiales es más que una sugerencia: es un deber civil. El rigor del Servicio Geológico Colombiano nos ha permitido transitar este episodio con orden.
Hoy el Puracé parece calmar su temperamento, pero su sombra sobre Popayán y sus alrededores sigue siendo un llamado a la preparación permanente. La alerta bajó, pero nuestra capacidad de respuesta y respeto por el entorno natural debe mantenerse en el nivel más alto.


































































