En un ecosistema político saturado de estrategias digitales y algoritmos, la figura de César Cristian Gómez Castro emerge como un recordatorio de que el poder, en su estado más puro, se valida en la baldosa y no en la pantalla. Lo que define a Gómez Castro no es la herencia de un linaje, sino la construcción de una identidad forjada a pulso, donde el servicio público parece haber mutado de obligación administrativa a una bandera de amor.
El valor de lo invisible
Mientras la política moderna se obsesiona con el “ruido” y el impacto mediático, César Cristian ha optado por el silencio constructivo. Su liderazgo se nutre de los sectores que la tecnocracia suele ignorar:
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La presencialidad: El contacto cara a cara frente a la frialdad del internet.
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La memoria: El gesto de recordar un cumpleaños en una vereda olvidada pesa más que mil promesas de campaña.
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La coherencia: Mantener el mismo paso en las comunas de Popayán que en los pasillos del Congreso.
Más que votos, lealtades
Haber alcanzado la alcaldía de Popayán con más de 70 mil votos fue un hito, pero el verdadero logro de Gómez Castro ha sido no permitir que esa cifra lo desdibujara. Su paso por la Cámara de Representantes ha sido la extensión de esa filosofía: ser un puente para el “país profundo”.
“Hay escenas que lo definen mejor que cualquier discurso: el hombre que llega con una torta a celebrar los 98 años de una abuela en el rincón más apartado del Cauca.”
Este tipo de acciones no responden a un cálculo electoral frío; responden a una forma de entender la existencia. Para César Cristian, la política es una herramienta para dignificar las historias pequeñas, esas que no suelen ser noticia pero que sostienen el tejido social del departamento.
Hacia el 8 de marzo
El camino hacia una nueva curul en la Cámara de Representantes parece trazado no por la inercia del poder, sino por la esperanza de la gente sencilla. En un tiempo marcado por la desconfianza institucional, su propuesta se basa en lo real, en lo que se puede tocar y sentir: la voz del campesino, el anhelo del joven y la sabiduría del abuelo.
Si la política es, como decían los clásicos, el arte de buscar el bien común, Gómez Castro le ha añadido un matiz esencial: el arte de hacerlo con el corazón. El próximo 8 de marzo será, más que una jornada electoral, la ratificación de que la coherencia y la cercanía siguen siendo la moneda más valiosa en el Cauca.


































































