El inicio de un nuevo semestre académico siempre trae consigo un aire de renovación, pero la llegada de la generación 2026.1 a la Universidad del Cauca tiene un matiz especial. Mientras las nubes parecen empeñadas en opacar el paisaje caucano, las puertas de nuestra Alma Máter se abren para demostrar que la luz más potente no proviene del sol, sino del intelecto y el entusiasmo de quienes deciden transformar su realidad a través del conocimiento.
Recibir a una nueva cohorte de “Unicaucanos” no es un trámite administrativo; es un acto de fe en el futuro. Cada joven que cruza el dintel de nuestras facultades carga consigo no solo un morral lleno de cuadernos, sino el peso de los sueños de su familia y la promesa de una sociedad mejor. En un departamento que ha sabido de claroscuros, la Universidad se erige como ese faro inamovible donde la libertad de pensamiento y la excelencia académica son la norma.
El Reto de la Transformación
La vida universitaria es, quizás, la etapa de metamorfosis más profunda del ser humano. Aquí, los estudiantes no solo vienen a aprender fórmulas de cálculo o teorías jurídicas; vienen a cuestionar, a debatir y, sobre todo, a encontrarse a sí mismos. La “belleza” de nuestra Alma Máter no reside únicamente en su arquitectura colonial o en sus claustros históricos, sino en la efervescencia de ideas que habitan sus pasillos.
Es vital que esta nueva generación entienda que brillar con luz propia requiere disciplina. El camino no siempre será sencillo y habrá días donde el “mal clima”, metafórico o real, intente desanimarlos. Sin embargo, pertenecer a esta institución significa contar con el respaldo de una comunidad que cree en el poder de la educación como herramienta de cambio social.
Una Bienvenida con Propósito
A los nuevos integrantes de nuestra familia: no permitan que nada empañe su alegría. Están entrando a una de las mejores etapas de su vida. Aprovechen cada laboratorio, cada biblioteca y cada charla de pasillo. La Universidad del Cauca no solo les entregará un título; les entregará una identidad que llevarán con orgullo por el resto de sus días.
Hoy, las aulas vuelven a latir. El silencio de las vacaciones se rompe con la risa y la expectativa de quienes están destinados a ser los líderes, científicos y artistas del mañana. ¡Bienvenidos a casa, generación 2026.1! . Que su paso por estos claustros sea tan brillante como el futuro que están empezando a construir hoy.
Columnista Invitado:
SANTIAGO JOSE BRICEÑO
Unicaucano 2 Semestre Derecho


































































