La reciente activación de protocolos de emergencia por parte de la Gobernación del Cauca, tras los violentos sucesos en el corregimiento de El Plateado, Argelia, es mucho más que un trámite administrativo; es el reflejo de un departamento que ha tenido que aprender a sanar bajo el fuego. El saldo es doloroso: una vida segada y doce personas heridas, entre ellas un menor de edad. Sin embargo, en medio de la tragedia, la respuesta del sistema de salud local y regional surge como un faro de institucionalidad en una zona donde el Estado suele ser cuestionado.
La eficiencia como acto de humanidad
Es rescatable que, a pesar de las condiciones geográficas y de seguridad que históricamente han aislado a Argelia, los protocolos de atención funcionaran. El traslado oportuno del menor herido hacia el Hospital Universitario San José de Popayán no es solo un éxito logístico, sino un mensaje de prioridad: la vida de la niñez caucana debe estar por encima de cualquier conflicto.
Más allá de la herida física
El anuncio de la Secretaría de Salud sobre el acompañamiento psicológico es un acierto crítico. En territorios como El Plateado, las heridas que no sangran —el trauma, el miedo constante y la ruptura del tejido social— suelen ser las más profundas y las menos atendidas.
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Atención integral: No basta con suturar; hay que procesar el duelo.
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Solidaridad institucional: La presencia de la Administración Departamental debe ser constante, no solo reactiva.
Un llamado a la protección de la misión médica
Si bien la respuesta fue efectiva esta vez, este evento debe servir para recordar que la misión médica en el Cauca es sagrada. Los hospitales y centros de salud en Argelia y el resto del departamento operan bajo una presión inmensa. Garantizar su seguridad no es opcional, es el cimiento mínimo para que la palabra “paz” tenga algún significado tangible para el ciudadano de a pie.
La Gobernación ha cumplido con su deber de socorro, pero la verdadera meta debe ser que los protocolos de emergencia dejen de ser la noticia cotidiana para dar paso a la inversión social estructural. Por ahora, celebramos la vida salvada del menor y la prontitud de los profesionales de salud, quienes siguen siendo los héroes silenciosos de nuestra región.


































































