La reciente instalación de la Mesa Nacional de Seguimiento a la Operación Perseo y el Pacto Cauca en El Plateado, Argelia, marca un hito que va más allá de la estrategia militar. Durante décadas, el Cañón del Micay ha sido el epicentro de una paradoja colombiana: un territorio con una riqueza humana y natural inmensa, pero gobernado bajo la sombra de economías ilícitas y el olvido estatal.
La consigna emitida desde la Gobernación del Cauca y el Ministerio del Interior es clara y, para ser honestos, es la única salida viable: la seguridad sin inversión social es una victoria con fecha de vencimiento.
La trampa de la “Seguridad Sola”
Históricamente, el error del Estado ha sido creer que recuperar un territorio es simplemente “izar la bandera”. Sin embargo, el seguimiento riguroso del Puesto de Mando Unificado (PMU) reconoce que la Operación Perseo no puede ser solo un despliegue de fusiles. Si tras el paso de la Fuerza Pública no llegan las escuelas, los centros de salud y, sobre todo, la sustitución de economías que garantice el plato de comida en la mesa de los caucanos, el vacío de poder volverá a ser llenado por los mismos actores de siempre.
Un pacto por la dignidad
La participación del Viceministerio para el Diálogo Social y los Derechos Humanos es un mensaje de validación para las comunidades de Argelia. No se trata solo de vigilar al enemigo, sino de proteger al ciudadano. El “Pacto Cauca” debe ser un contrato social donde el Gobierno Nacional se comprometa a:
- Transformación Territorial: Proyectos de infraestructura que conecten al Micay con el resto del departamento.
- Oportunidades Reales: Que el joven de El Plateado vea en la legalidad un camino más rentable y seguro que en la insurgencia.
- Seguimiento Riguroso: Que las mesas de trabajo no se queden en actas de escritorio, sino en obras que se puedan tocar.
El veredicto
El Cauca está cansado de promesas de papel. La articulación entre la administración departamental y el Gobierno Nacional es un paso firme, pero el éxito se medirá en la capacidad de mantener el control territorial a través de la confianza ciudadana.
Seguridad con inversión social no es un eslogan; es la deuda histórica que el país tiene con un Cauca que se niega a rendirse. Solo cuando el Estado llegue con la misma fuerza de sus batallones, pero traducida en desarrollo, podremos decir que El Plateado es, finalmente, de todos los colombianos.


































































