En el actual panorama político, donde la distancia entre los despachos y la realidad rural parece cada vez más ancha, ejercicios de diálogo como el liderado por Edgar Gómez (L-103) resultan no solo refrescantes, sino necesarios. Su reciente recorrido por Popayán —desde las veredas de Julumito y Poblazón hasta barrios como María Occidente y Yanaconas— deja una lección clara: el Cauca no se construye desde el escritorio, sino desde el barro y la palabra empeñada en el territorio.
El Poder de la Escucha Activa
Lo que destaca de la “Agenda Cauca” es su metodología. No estamos ante un monólogo de promesas electorales, sino ante una construcción colectiva. Al integrar a la colonia del Macizo y a los líderes de las comunas, Gómez está validando un principio democrático fundamental: la gente sabe lo que necesita; el político solo debe tener la humildad de escuchar y la capacidad técnica de gestionar.
Los temas abordados en esta maratónica jornada son el termómetro real del departamento:
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Talento Local y Cultura: Reconocer que la identidad caucana es nuestro mayor activo económico.
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Organización Social: Empoderar a las bases para que el cambio no dependa de una sola persona, sino de la comunidad unida.
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Desarrollo Territorial: Entender que la periferia de Popayán y sus zonas rurales exigen una inversión que responda a sus particularidades geográficas y sociales.
Más que una Campaña, un Contrato Social
El respaldo que hoy recibe la lista L-103 no es gratuito. Es el resultado de ver en un candidato a un facilitador de soluciones. Cuando los ciudadanos de Portal de las Américas o Yanaconas sienten que sus peticiones son incorporadas de verdad en un programa de gobierno, la desconfianza hacia “lo político” empieza a ceder ante la esperanza de una fuerza real.
El Cauca atraviesa momentos complejos que requieren unidad. La propuesta de Edgar Gómez subraya que el desarrollo departamental solo será sostenible si nace de las bases populares. Si la Agenda Cauca continúa fortaleciéndose bajo esta premisa de participación ciudadana, el departamento podría estar ante una oportunidad de oro para renovar su vocación de liderazgo en el suroccidente colombiano.
Al final del día, como bien lo afirma la consigna de esta jornada: unidos somos la fuerza. Pero esa fuerza solo es legítima cuando tiene el sello y la voz de quienes habitan el territorio.


































































