Durante décadas, el Estado ha pretendido resolver los problemas del campo desde la frialdad de un escritorio en Bogotá. La respuesta sistemática al clamor del campesinado caucano ha sido el glifosato: una lluvia tóxica que no distingue entre cultivos ilícitos y la soberanía alimentaria de nuestras familias. Pero hoy, la realidad nos golpea con una verdad ineludible: fumigar no es una solución cuando se ha abandonado al campesinado.
El Cauca es un territorio de contrastes, de una riqueza hídrica y cultural incalculable, pero también es el epicentro de un conflicto que se alimenta de la ausencia de oportunidades. Insistir en la aspersión aérea es insistir en un modelo fracasado que solo profundiza la desconfianza, desplaza comunidades y envenena la vida.
Alternativas reales, no paños de agua tibia
El departamento no necesita más químicos; necesita alternativas reales. Esto significa:
- Presencia Integral del Estado: No hablamos solo de botas y fusiles, sino de vías terciarias, escuelas dignas y centros de salud que funcionen.
- Sustitución con Dignidad: El campesino no cultiva coca por ambición, sino por supervivencia. Necesitamos mercados asegurados y precios justos para el café, el cacao y los frutos de nuestra tierra.
- Decisiones desde el Territorio: Basta de políticas impuestas. Las soluciones deben nacer del diálogo con las comunidades étnicas, los sectores rurales y quienes caminan el surco día a día.
El cuidado de la vida como prioridad
Nuestra propuesta es clara: el cuidado para la vida. Esto implica proteger nuestra biodiversidad y respetar la autonomía de los pueblos que han custodiado estos valles y montañas por generaciones. La paz no llegará con el ruido de las avionetas, sino con el silencio de las armas y el sonido de las herramientas trabajando en proyectos productivos sostenibles.
Este 2026, el Cauca tiene la oportunidad de elegir una voz que entienda el barro y el sol de nuestra región. No se trata solo de un voto, se trata de una decisión pensada desde el territorio para recuperar la dignidad de quienes alimentan al país.
El cambio no vendrá de afuera; nacerá de nuestra capacidad de defender la vida sobre el veneno.


































































