Hubo un tiempo, *no muy lejano, en el que la política en el Cauca se resolvía con el magnetismo del apellido*, una oratoria encendida en la plaza pública y *una palmadita en la espalda que sellaba un compromiso de lealtad eterna*. Pero los tiempos han cambiado. Hoy, en los pasillos de las alcaldías y en las reuniones a puerta cerrada de Popayán y sus municipios, resuena una frase con un eco cínico y pragmático: *“Si tienes que preguntar cuánto cuesta, es porque no puedes comprarlo”*.
Esta máxima, propia del mercado de lujo, se ha convertido en el mantra de una clase política que se enfrenta a un electorado que, para bien o para mal, ha *“despertado”* a su propia conveniencia.
*El Fin del Romanticismo Electoral*
La mística del *líder carismático está en cuidados intensivos*. El ciudadano *caucano, golpeado por promesas incumplidas y una situación de orden público que no da tregua*, ha dejado de creer en el simbolismo. Ya no basta con el *“yo soy de los suyos”*. Ahora, la respuesta del elector es una pregunta implícita: *¿Qué hay para mí hoy?*
Este fenómeno ha transformado la campaña política en una transacción de alta gama. Los políticos locales saben que la lealtad ya no es un activo fijo, sino un bien que cotiza en bolsa y que fluctúa según la oferta del día.
*Los Costos de la “Nueva” Política*
Cuando un político suelta esa frase entre sus allegados, está admitiendo una realidad cruda:
- *La estructura es una nómina:* Ya no se mueven voluntarios, se mueven “operadores”.
- *La logística es empresarial:* El transporte, la alimentación y la movilización tienen precios de mercado que la retórica no puede pagar.
- *El voto tiene factura:* El elector ha entendido que, si el político va a ganar para enriquecerse o gestionar poder, él quiere su tajada por adelantado.
*El Riesgo de “Comprar” sin Poder Pagar*
El peligro de *esta mentalidad es que excluye el liderazgo genuino*. Si la política se vuelve un artículo de lujo que solo unos pocos pueden “comprar”, la democracia en el Cauca se convierte en una *plutocracia disfrazada de elección popular*. Aquel que tiene la visión pero no el “capital” para preguntar el precio, se queda por fuera de la contienda.
Al final, esta frase es un arma de doble filo. Los políticos que hoy creen estar comprando voluntades podrían descubrir, demasiado tarde, que lo que se compra por dinero, por dinero se pierde. *La palmadita en la espalda era barata, pero al menos generaba un vínculo social*; el cheque, en cambio, solo genera una obligación temporal que se vence el día después de las elecciones.
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