La historia de las naciones suele escribirse a través de su capacidad para gestionar sus recursos. En 2012, Colombia se proyectaba como una potencia energética regional: producíamos un millón de barriles de petróleo al día, exportábamos gas y construíamos soberanía con proyectos como El Quimbo. Hoy, en 2025, el espejo nos devuelve una imagen demacrada. La advertencia de Mauricio Cárdenas es clara: hemos pasado de la riqueza energética a una pobreza estructural que amenaza con apagar el país.
El Descalabro en Cifras
La caída del 25% en la producción petrolera y del 40% en las exportaciones de carbón no son solo datos para economistas; representan menos hospitales, menos carreteras y una moneda más débil. Pero quizás el síntoma más grave es el gas natural. Pasar de recibir 150 millones de dólares por exportarlo a pagar 750 millones por importarlo es un suicidio financiero en medio de una crisis de divisas.
¿Por qué estamos en la cuerda floja?
El riesgo de un apagón no es un fantasma político, es una realidad física. Mientras que en 2012 el debate era qué hacer con los excedentes, en 2025 el debate es cómo evitar el racionamiento. Esta crisis se alimenta de tres factores críticos:
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Parálisis de inversión: La incertidumbre regulatoria ha frenado nuevos proyectos de exploración.
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Dependencia externa: Al dejar de producir lo propio, entregamos nuestra seguridad energética a los precios y vaivenes del mercado internacional.
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Déficit de ejecución: La transición energética idealizada ha chocado con la realidad de una demanda que crece más rápido que la instalación de fuentes no convencionales.
“No se puede saltar al vacío de la transición energética sin tener una red de seguridad. Hoy, Colombia está cayendo sin paracaídas.”
El Costo Social de la “Pobreza Energética”
Un apagón o un racionamiento en 2025 no solo significa noches a oscuras. Significa fábricas detenidas, pérdida de empleos y un aumento inmediato en el costo de vida. La energía es el insumo básico de cualquier democracia moderna; sin ella, el crecimiento económico es una quimera.
Si el rumbo no se corrige de cara al periodo 2026-2030, el legado energético de esta década no será la sostenibilidad, sino la escasez. Colombia necesita recuperar la sensatez técnica por encima de la ideología, antes de que el interruptor se apague definitivamente.


































































