La política es, ante todo, un juego de realidades. Y la realidad actual del Cauca es una ironía dolorosa: siendo un departamento con una historia determinante en la construcción de la nación, hoy nos despertamos con una preocupante escasez de “dolientes” en las altas esferas del legislativo. La pregunta que surge en cada esquina de Popayán y en las veredas del macizo es: ¿Cómo permitimos que el Cauca se quedara sin representación propia en el Senado?
La paradoja de la supervivencia
Es casi poético que la única credencial que hoy ostenta el departamento sea fruto de una carambola de unidad y pragmatismo. El apoyo decidido a Ferney Silva dentro de la lista del Pacto Histórico no fue un regalo; fue una estrategia de supervivencia ciudadana. Al asegurar un puesto competitivo, los caucanos entendieron que, en el actual sistema de listas cerradas, la única forma de no quedar borrados del mapa era empujando hacia un mismo lado.
Sin embargo, que sea la única voz caucana en el Senado es un síntoma de una enfermedad política más profunda.
El costo del capricho y la lealtad traicionada
Mientras un sector lograba consolidarse, en la otra orilla —especialmente en la derecha y los sectores tradicionales— el panorama fue un suicidio asistido por el ego. No se puede llamar de otra forma a la decisión de excluir liderazgos locales de los puestos de vanguardia en las listas nacionales.
“La política regional fue víctima de caprichos individuales que pesaron más que el bienestar colectivo del departamento.”
Se habla de burlas a la lealtad y de promesas de “cupos seguros” que se esfumaron por decisiones tomadas en escritorios lejanos (o peor aún, por vetos internos de figuras caucanas que prefirieron reinar en el desierto que compartir el poder en un oasis). Ese vacío lo llenaron otros: paisas, costeños y vallunos que, aunque recogen votos en nuestra tierra, difícilmente sentirán el rigor de la vía Panamericana bloqueada o el abandono de nuestras zonas rurales como lo haría alguien nacido aquí.
¿Un departamento sin dolientes?
El reclamo es justo. Después nos quejamos de que los proyectos de ley pasan de largo, que los recursos se desvían a otras regiones o que el Gobierno Nacional solo mira al Cauca cuando hay una tragedia. Pero, ¿cómo exigirle compromiso a un senador que solo conoce al Cauca por sus paisajes y no por sus carencias?
El mapa político actual nos deja una lección de humildad y una advertencia urgente:
-
La unidad no es opcional: Sin consensos mínimos, el Cauca seguirá siendo el botín electoral de líderes foráneos.
-
Renovación o irrelevancia: Si los líderes actuales no permiten el paso a nuevas figuras por miedo a perder su cuota de poder, terminarán reinando sobre nada.
Hoy, la representación caucana cuelga de un hilo. Es hora de dejar de lamentar la falta de líderes y empezar a cuestionar a los “dueños de los votos” que prefirieron ver al departamento sin senador antes que ceder un centímetro de su propio privilegio.


































































