Hay silencios que son impuestos, pero hay voces que son inevitables. En el ejercicio de recorrer el Cauca, de sentir el polvo de sus caminos y el calor de su gente, uno comprende que la política dejó de ser un asunto de estructuras frías para convertirse en una cuestión de dignidad. Han intentado, por diversos medios, silenciar nuestro mensaje, pero han olvidado una lección histórica: la fuerza del pueblo no se borra, se multiplica.
Cuando una campaña no nace de los acuerdos de oficina, sino de la convicción que late en las bases, no existe obstáculo que la detenga. El intento de frenar nuestro avance no es más que el síntoma del miedo que sienten quienes ven en la ciudadanía despierta una amenaza a sus privilegios. Lo que ellos llaman “obstáculos”, nosotros lo llamamos combustible.
Nuestra propuesta no es una construcción teórica; es una campaña que camina. Se fortalece en la calle, en la plaza de mercado, en la vereda y en el diálogo sincero con el campesino, el joven y el emprendedor. Es en el territorio donde se entiende que el Cauca no necesita más promesas de escritorio, sino un congresista que sienta el departamento en las botas y lo defienda con el corazón.
La victoria que vislumbramos no es personal, es colectiva. Es la victoria de quienes se cansaron de ser espectadores y decidieron ser protagonistas de su propio destino. Estamos demostrando que la verdadera fuerza ganadora no es la que más grita, sino la que más escucha y más hondo cala en la esperanza de la gente.
El mensaje es claro y contundente: no nos van a detener. La voluntad del Cauca ya está en marcha y crece con cada mano que estrechamos. Vamos hacia una victoria histórica, no para ocupar una curul, sino para llevar la voz de todo un territorio al centro de las decisiones nacionales.
Somos la fuerza de la base, somos el eco del territorio. ¡Somos la fuerza ganadora!


































































