Recorrer los municipios de nuestro departamento no es solo una labor de campaña; es un ejercicio de escucha que nos confronta con una realidad innegable. Desde las calles de Popayán hasta los campos de Piendamó, Cajibío y Morales, el sentimiento es el mismo: el Cauca tiene la fuerza y el talento para progresar, pero le falta un puente sólido y decidido con el Gobierno Nacional.
La política tradicional suele ver cifras, pero nosotros vemos rostros. Vemos al joven que termina su bachillerato y se encuentra con un muro ante la falta de acceso a educación tecnológica y profesional. Vemos a las familias que, en pleno siglo XXI, aún padecen la precariedad de un sistema de salud que no llega a los territorios más apartados.
Nuestra hoja de ruta
No podemos dinamizar el empleo ni derrotar la pobreza con paños de agua tibia. El Cauca requiere atención prioritaria e inversión estratégica. Mi compromiso en la Cámara de Representantes será claro:
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Gestión de Recursos: Ser la voz incansable que exija al Gobierno Nacional las partidas presupuestales que por justicia le corresponden a nuestros municipios.
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Oportunidades para la Juventud: Trabajar por una infraestructura educativa que permita a nuestros jóvenes formarse sin tener que abandonar su tierra.
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Dinamismo Económico: Crear las condiciones para que el empleo no sea un privilegio, sino una realidad accesible mediante el apoyo a sectores sociales y productivos.
Un voto por la transformación
El respaldo que hemos recibido de líderes comunitarios y sectores sociales nos confirma que el cambio es posible si nos unimos. El departamento no necesita más promesas de escritorio; necesita representación con conocimiento de causa y pies en el territorio.
Este 8 de marzo, la invitación es a que transformemos esa esperanza en acción. Al marcar L-104, no solo estás eligiendo un nombre, estás eligiendo una voz que trabajará sin descanso para que el Cauca sea, finalmente, una prioridad nacional.


































































