El 13 de febrero de 2026 no será una fecha más en el calendario del pueblo Nasa; será recordado como el día en que la justicia empezó a hablar en la lengua de la tierra. La entrega de la Sentencia 171 por parte de la Unidad de Restitución de Tierras (URT) no es solo un trámite administrativo sobre 900 hectáreas; es un acto de sanación para un tejido social que fue desgarrado por el despojo.
El Retorno de lo Sagrado
Para el pueblo de Juan Tama, el territorio no es una mercancía ni una cifra en un mapa; es un espacio simbólico donde reside la memoria de los mayores y la fuerza de los cuidanderos. La restitución de estas tierras a más de 300 familias es, en esencia, la devolución de su derecho a existir bajo sus propias leyes y cosmogonía.
-
Justicia Material: 900 hectáreas que regresan al control indígena.
-
Justicia Social: Proyectos productivos con enfoque de género que buscan autonomía alimentaria.
-
Justicia Histórica: El reconocimiento del Estado sobre el despojo sufrido.
Voluntad Política y Resistencia Ancestral
Este logro es un triunfo compartido. Por un lado, es el fruto de la lucha incansable de los mayores y el acompañamiento del CRIHU, quienes nunca permitieron que el olvido sepultara sus títulos ancestrales. Por otro, refleja una alineación política poco común: la disposición de figuras como Giovanni Yule, desde la URT, y el respaldo del presidente Gustavo Petro, quienes parecen entender que la paz en Colombia no se firma solo en escritorios, sino que se siembra en los surcos de la tierra restituida.
“Defender el territorio es mantener viva la memoria, la cultura y la autonomía de un pueblo que se niega a desaparecer.”
Hacia la Pervivencia
La restitución jurídica es el primer paso, pero el reto real comienza ahora con la restitución material. El enfoque diferencial será la clave para que estas familias no solo recuperen el suelo, sino que fortalezcan su “Plan de Vida”. La paz total, tan mencionada en los pasillos gubernamentales, toma forma real aquí: en el respeto a la autodeterminación indígena y en la seguridad de que el territorio es, finalmente, un lugar seguro para las futuras generaciones.
Hoy, Juan Tama no solo recupera hectáreas; recupera la esperanza de que la ley, por fin, se ha puesto del lado del origen.


































































