En el corazón de la música popular colombiana, donde a menudo se premia la estética comercial y los ritmos de moda, ha irrumpido una voz que no solo canta, sino que cuenta una historia milenaria. Chabelita de Oro, orgullosa hija del pueblo Misak, ha logrado lo que pocos: convertir un escenario de entretenimiento nacional en un altar de reivindicación cultural.
Un Canto que es Territorio
Ver a Chabelita en el programa A Otro Nivel de Caracol Televisión fue mucho más que ver a una concursante talentosa. Fue ver a la mujer indígena apropiándose de espacios que históricamente le han sido esquivos. Su presencia, ataviada con el anaco y la simbología de su pueblo, no fue un “disfraz” para la cámara; fue un acto de resistencia política y espiritual.
Cada nota emitida por Chabelita llevaba consigo el aroma de la tierra de Silvia y la sabiduría de los mayores. Ella demostró que:
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La cultura no es estática: Se puede ser profundamente Misak y, al mismo tiempo, dominar los escenarios de la modernidad.
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La identidad es un superpoder: En un mundo que tiende a la homogeneidad, lo auténtico es lo que realmente destaca.

Resiliencia y Ganas de Salir Adelante
El camino desde las montañas del Cauca hasta las luces de un set de grabación en Bogotá no se recorre solo con talento; se requiere una valentía férrea. Chabelita representa a esa juventud indígena que tiene hambre de éxito, pero que se niega a dejar su esencia en el camino. Su participación es un mensaje potente para todos los jóvenes de los pueblos originarios: el mundo es vuestro, y vuestra raíz es el motor, no el ancla.
El Orgullo de un Pueblo
El Canal Totoró TV y las comunidades del Cauca tienen razones de sobra para exaltar su nombre. Chabelita de Oro nos ha recordado que el “nivel” no se mide solo en técnica vocal, sino en la capacidad de conectar el alma de un pueblo con el resto del país.
Hoy, la música colombiana es más rica porque la voz de una mujer Misak sembró identidad en el “prime time”. Gracias, Chabelita, por enseñarnos que salir adelante no significa irse de casa, sino llevarse la casa , sus montañas, sus ríos y su gente, a cada lugar donde se sueñe en grande.
Reflexión: “Cuando una mujer indígena canta, no lo hace sola; lo hace con la voz de sus ancestros y la esperanza de las generaciones que vienen.”


































































