El nordeste antioqueño parece atrapado en un bucle de violencia que no solo se resiste a desaparecer, sino que muta hacia formas cada vez más aterradoras. Lo que está ocurriendo en las veredas de Remedios, en los límites entre Antioquia y Santander, es la crónica de un abandono estatal que ha permitido que el aire, antes símbolo de libertad para el campesinado, se convierta en una fuente de terror tecnológico.
Los recientes combates entre el Clan del Golfo y el ELN (aliado con disidencias de las FARC) han cruzado una línea roja que el Derecho Internacional Humanitario (DIH) intenta proteger con desesperación: la vida de los niños. Que la escuela La Orquídea, en la vereda Tamar Bajo, se haya convertido en un refugio contra explosivos lanzados desde drones no es un incidente aislado; es el síntoma de una guerra que ha perdido cualquier rastro de ética.
La tecnificación del horror
El uso de aeronaves no tripuladas para atacar posiciones enemigas en medio de zonas civiles marca un punto de inflexión peligroso. Mientras el Gobierno Nacional discute mesas de paz y ceses al fuego, en el territorio la realidad es otra:
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Comunidades confinadas: Las escuelas, que deberían ser los lugares más seguros de la sociedad, son hoy el último muro de contención contra la metralla.
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Guerra de posiciones: La alianza entre el ELN y el Frente 4 de las disidencias para frenar al Bloque Roberto Vargas Gutiérrez del Clan del Golfo ha convertido a Remedios y Segovia en un tablero de ajedrez sangriento.
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Alerta Permanente: La Defensoría del Pueblo lleva advirtiendo este deterioro desde 2022. ¿De qué sirven las Alertas Tempranas si la respuesta institucional no llega a tiempo para evitar que un dron estalle cerca de un aula de clase?
Un estado de indefensión
Resulta doloroso leer que habitantes de Dos Quebradas, Caño Tigre y Campo Vijao tengan que abandonar sus labores para esconderse bajo pupitres. El control territorial que ejercen estos grupos no es solo físico; es psicológico. La incursión del Clan del Golfo desde el Bajo Cauca y el Magdalena Medio demuestra una capacidad de expansión que la fuerza pública no ha logrado neutralizar de manera efectiva.
La paz no puede ser un concepto retórico que se firma en oficinas mientras en las veredas de Antioquia el cielo “llueve” fuego. La protección de la población civil en Remedios debe ser la prioridad absoluta. No se puede permitir que la tecnología, que debería servir para el progreso, sea la herramienta con la que los grupos ilegales terminen de asfixiar la esperanza de las comunidades rurales.
El Estado colombiano tiene una deuda histórica con el nordeste. Si no se actúa con una presencia integral que vaya más allá del bota militar —que incluya justicia, inversión y garantías de seguridad real—, las escuelas seguirán siendo trincheras y el futuro de esos niños seguirá suspendido en el aire, bajo la sombra de un dron enemigo.


































































