La política en Popayán ha demostrado, una vez más, que no es una ciencia exacta de suma de logotipos, sino una química volátil de percepciones ciudadanas. La reciente debacle de la alianza entre el alcalde Juan Carlos Muñoz y el exmandatario César Cristian Gómez Castro no es solo un accidente electoral; es el acta de defunción de una forma de hacer política que subestima la memoria del elector.
La ilusión de la transferencia
Creer que el poder es una antorcha que se pasa de mano en mano por mutuo acuerdo es el primer error de cualquier mandatario. La “Alianza” se presentó como una maquinaria invencible, una estructura diseñada para asegurar una curul en la Cámara de Representantes, pero terminó siendo una hoguera de vanidades.
¿Por qué falló el cálculo? Principalmente, porque se priorizó el pacto de supervivencia sobre el proyecto de ciudad. Mientras en los despachos se repartían proyecciones de votos, en las calles la ciudadanía masticaba el descontento por una gestión municipal que no termina de despegar. Intentar proyectar liderazgo hacia el Congreso cuando la casa propia tiene goteras es, por decir lo menos, una apuesta temeraria.
El peso del pasado y el desgaste del presente
La figura de Gómez Castro, lejos de sumar el “oxígeno” esperado, trajo consigo el eco de controversias pasadas que el payanés no ha terminado de digerir. Por otro lado, Muñoz puso en juego su capital político prematuramente. El resultado es un alcalde debilitado, que deberá gobernar el resto de su periodo con la sombra de una derrota que le fue ajena en origen, pero propia en ejecución.
“En Popayán, cuando la política huele a reciclaje, el ciudadano opta por la ruptura.”
Un veredicto contundente
Lo que vimos en las urnas fue un grito de renovación. El ciudadano de hoy está hiperinformado y padece una fatiga crónica hacia los “padrinazgos”. La factura que pasó Popayán fue costosa porque fue un cobro a la arrogancia de creer que la ciudad es un tablero de ajedrez personal.
¿Hacia dónde vamos?
Para la administración actual, este es el momento de la introspección. No se puede seguir gobernando bajo la lógica de los favores mutuos. Popayán exige resultados tangibles, no estrategias electorales de largo aliento que descuidan el presente.
De las cenizas de esta alianza debe surgir una política menos transaccional y más humana. La lección es clara: Popayán ya no acepta herederos; ahora solo reconoce a quienes demuestren capacidad de transformación.

































































