Lo de Oviedo es un fenómeno que merece análisis. En una campaña marcada por la polarización y, lamentablemente, por ataques personales, el exdirector del DANE demostró que la “política de las formas” sí paga. Los ataques de sectores que intentaron ridiculizar su orientación sexual o su tono de voz (“gomelo” para algunos, “auténtico” para otros) terminaron actuando como un efecto bumerán.
Su votación en Bogotá fue contundente, confirmando que su paso por el Concejo y su estilo pedagógico conectan con un electorado urbano y joven que busca algo más que gritos de extremos.
¿Un matrimonio de conveniencia o de estrategia?
La posible unión de Valencia y Oviedo en un mismo tarjetón es una jugada maestra del Centro Democrático y los sectores de derecha/centro-derecha.
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Paloma Valencia aporta el voto disciplinado, regional y la firmeza del legado uribista.
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Juan Daniel Oviedo le entrega a la campaña el puente con el centro, la tecnocracia y ese voto de opinión que suele ser esquivo a las estructuras tradicionales.
El abrazo entre ambos tras conocerse los resultados y los gritos de “¡Vice, Vice!” en la sede de campaña no son casualidad. Representan la voluntad de una coalición que entiende que para ganar en mayo de 2026, no basta con ser “puro de sangre”; hay que ser plural.
El reto del 12 de marzo
Aunque Oviedo ha reiterado su lealtad a lo pactado en la consulta, la decisión final se conocerá este jueves. Si se confirma la fórmula, estaríamos ante una de las duplas más interesantes de los últimos años: la oratoria apasionada de Valencia complementada por la serenidad técnica de un Oviedo que ya no solo habla de estadísticas, sino que se ha convertido en una realidad electoral imposible de ignorar.
“Bogotá habló y nos escuchó”, dijo Oviedo al cierre de las urnas. Ahora, la pregunta es si el resto del país está listo para ver a un tecnócrata abiertamente gay y una senadora de derecha radical liderando un proyecto conjunto hacia la Casa de Nariño.

































































