Hay momentos en el *ejercicio del periodismo que dejan de ser una simple cobertura* para convertirse en una lección de vida. Lo ocurrido con la presentación de *Los Kjarkas* en nuestra región no fue solo un evento de entretenimiento; fue la confirmación de que la esencia del folclore andino, *lejos de extinguirse, late con una fuerza renovada en las venas de quienes menos esperábamos: nuestros jóvenes*.
Como cronista que *ha visto pasar los años y las modas, confieso que guardaba el temor de que los sonidos del charango, la quena y la zampoña se hubieran quedado rezagados en el baúl de los recuerdos de los “viejos”*. Sin embargo, ver a cientos de muchachos bailar con frenesí, entregados al ritmo de caporales y sayas, fue un bálsamo para el alma.* Incluso en esos pequeños gestos de celos juveniles ante la cámara que registraba su alegría, se percibía una vitalidad que nos dice que la identidad cultural no es un asunto del pasado, sino un presente vibrante*.
Es aquí donde la inversión social y cultural cobra un sentido real. Instituciones como la *Industria Licorera del Cauca* aciertan cuando apuestan por estas actividades lúdicas. No se trata solo de patrocinar un espectáculo; se trata de invertir en la simpatía y el sentido de pertenencia de un pueblo que se reconoce en su música. *Es ver reflejada la belleza de los paisajes del Macizo Colombiano en la sonrisa de un joven que, quizá sin saberlo, está honrando a sus ancestros en cada paso de baile*.
“La música no solo se escucha; se vive como un acto de resistencia cultural que une lo que la política a veces intenta separar.”
*Somos más que las etiquetas étnicas o las diferencias que algunos se empeñan en subrayar para dividirnos*. Somos el encuentro de una herencia que *no requiere de mandatos externos ni de “bastones de chonta” para ser dirigida*, sino del amor profundo por la tierra. *Los arrullos y aires andinos son el lenguaje del agua, del aire y de la vida misma, elementos que esta generación demostró llevar en la sangre.*
Aplaudo a esa juventud que estuvo allí, demostrando que la música tiene el poder de revivir el amor a la existencia. *Mientras los jóvenes sigan bailando al son de nuestras raíces, habrá esperanza de que el Cauca siga siendo ese territorio de paz y encuentro donde la belleza de la tierra se celebra con el corazón*.
*Columnista Invitado:*
*Marcelo Arango Mosquera*


































































